Un loft flexible en el centro histórico de Sevilla recupera la doble altura de una antigua casa-palacio y convierte 68 metros cuadrados en un espacio abierto, versátil y pensado para recibir.

En el corazón del centro histórico de Sevilla, entre la memoria de una antigua casa-palacio y las necesidades de una vida contemporánea, una vivienda de apenas 68 metros cuadrados encuentra una nueva manera de habitar el espacio. La intervención, firmada por el arquitecto Felipe Retuerto junto a DYO Studio, bajo la dirección de Javier González, recupera una de las grandes virtudes de la casa original —su excepcional altura— y la convierte en el argumento principal de una nueva arquitectura doméstica.
La vivienda había sido reformada en los años noventa hasta quedar dividida en pequeñas estancias. La cocina, cerrada y oscura, apenas participaba de la vida de la casa, mientras una escalera de excesiva presencia ocupaba el espacio principal y condicionaba la distribución. Frente a aquella compartimentación, el proyecto plantea una operación tan precisa como transformadora: devolver continuidad a la planta y hacer de la doble altura un espacio para vivir, reunirse y descansar.
El cambio comienza por la escalera. Trasladarla al fondo de la planta baja libera la entrada y permite que salón, comedor y cocina se sucedan sin interrupciones bajo el gran vacío central. El nuevo recorrido genera una circulación continua y devuelve amplitud a una vivienda que, pese a sus dimensiones contenidas, gana en profundidad y perspectiva.
Y entonces aparece el verde. La nueva escalera, revestida en este tono, se convierte en uno de los elementos más reconocibles del proyecto. No busca competir con la arquitectura existente, sino introducir una pieza contemporánea capaz de ordenar visualmente el espacio. A su alrededor, una paleta serena de madera, superficies minerales claras y tonos neutros deja que la luz y la altura hagan el resto.

UNA CASA QUE CAMBIA CON QUIEN LA HABITA
La reforma parte también de una circunstancia esencial: esta no debía ser únicamente una vivienda para el día a día, sino una casa abierta al encuentro. Su propietario recibe con frecuencia a familiares y amigos, especialmente durante la Semana Santa, cuando algunas procesiones discurren frente a sus ventanas. La arquitectura debía, por tanto, ser capaz de acoger sin sacrificar la comodidad de la vida cotidiana.
La solución llega a través de la flexibilidad. La zona de estar puede independizarse mediante paneles correderos y convertirse temporalmente en un segundo dormitorio. Así, la casa no incorpora habitaciones permanentes que resten amplitud al conjunto, sino que permite modificar su configuración cuando las circunstancias lo requieren.
En el centro de esta transformación se encuentra un mueble que concentra distintas funciones: integra el lavabo, incorpora una cama escamoteable y recoge el alojamiento de las puertas móviles. Alrededor de esta pieza se articula una circulación fluida que conecta cocina, comedor, escalera y espacios de servicio incluso cuando el dormitorio de invitados permanece cerrado.
El baño continúa esta misma lógica de discreción. El inodoro y la ducha se sitúan en cabinas independientes, mientras el lavabo se incorpora a la zona de paso, integrado en el recorrido cotidiano de la vivienda.

LA MEMORIA COMO INSPIRACIÓN, NO COMO RÉPLICA
Uno de los gestos más delicados del proyecto se encuentra en las tres vigas de madera que atraviesan el espacio de estar. No pretenden reproducir una estructura histórica concreta. Su función es más evocadora: recuperar, desde una mirada contemporánea, la memoria de aquellos elementos que pudieron formar parte de la antigua casa-palacio.
Además de ocultar las guías de los paneles correderos, las vigas ayudan a reducir visualmente la escala bajo la gran altura y aportan una dimensión más doméstica al espacio. Cuando el salón se transforma en dormitorio, la arquitectura consigue así modificar también su atmósfera: la amplitud deja paso a una sensación más recogida e íntima.
Es precisamente en esta capacidad para sugerir sin imitar donde reside parte del carácter del proyecto. La intervención no pretende convertir la vivienda en una escenografía histórica, sino reconocer aquello que hace singular al inmueble y permitir que dialogue con una forma de vida actual.
ARQUITECTURA E INTERIORISMO, UNA MISMA MIRADA
El proyecto nace de una colaboración estrecha entre Felipe Retuerto y Javier González, director de DYO Studio. Una relación que evita entender arquitectura e interiorismo como dos capas sucesivas y apuesta por una concepción conjunta del espacio.
Retuerto define el concepto arquitectónico, la organización de los usos, la distribución y las relaciones entre las distintas estancias. Desde DYO Studio se desarrolla el interiorismo que da cuerpo a esa estrategia mediante materiales, iluminación, mobiliario y detalles. El resultado es una vivienda en la que cada decisión parece formar parte de una misma conversación.
La precisión espacial y la sensibilidad interior avanzan juntas. La escalera, los cerramientos móviles, el mobiliario central, la iluminación y la elección de materiales no funcionan como elementos aislados, sino como piezas de una misma estructura doméstica.
En la planta superior se encuentra el dormitorio principal. Una celosía de madera preserva su intimidad al tiempo que permite que la luz y la ventilación continúen llegando a la doble altura. Tras el dormitorio, un pasillo-vestidor conduce hasta el baño y completa la secuencia de los espacios privados.


UNA CASA ABIERTA A SUS POSIBILIDADES
La intervención consigue algo especialmente valioso en el centro histórico: no competir con la historia del edificio, sino encontrar en ella el punto de partida para una nueva forma de vivir.
Donde antes había una distribución rígida, ahora existe una casa capaz de transformarse con pocos movimientos. Donde la escalera ocupaba el espacio principal, ahora una pieza verde acompaña el recorrido hacia la altura. Donde había habitaciones independientes, ahora salón, comedor y cocina comparten una misma conversación.
El proyecto de Felipe Retuerto y DYO Studio demuestra que la flexibilidad no está reñida con el carácter y que una vivienda pequeña puede multiplicar sus posibilidades cuando la arquitectura sabe escuchar al espacio que la precede.
En Sevilla, donde la arquitectura doméstica guarda todavía la huella de tantas generaciones, este loft propone una manera serena de mirar hacia delante: conservar la memoria sin quedar atrapado en ella. Y bajo la doble altura recuperada, entre madera, luz y ese inesperado trazo verde de la escalera, la historia vuelve a ser, sencillamente, un lugar donde vivir.
TEXTO: BOSCO DÍEZ FOTOGRAFÍA: CEDIDAS POR RETUERTO ARQUITECTOS

















