LA CRÓNICA DE MEDIO SIGLO DE REINADO
En noviembre de 1975, España pasó del luto oficial a la solemne proclamación de un nuevo Rey ante las Cortes: Juan Carlos I. Aquella ceremonia del 22 de noviembre marcó el inicio de un tiempo nuevo cuyo nombre —Transición— acabaría resumiendo uno de los procesos políticos más decisivos de la Europa del siglo XX.
Cincuenta años después, España conmemora la restauración de la monarquía parlamentaria en un escenario muy distinto: una democracia consolidada, un nuevo monarca —Felipe VI— y una sociedad diversa y crítica que observa a la Corona con una mezcla de memoria, exigencia y expectativa. Los actos institucionales en el Palacio Real y en el Congreso de los Diputados han querido subrayar precisamente eso: la continuidad de la institución.

HACIA LA MONARQUÍA PARLAMENTARIA
Cuando Juan Carlos I fue proclamado Rey ante las Cortes franquistas, la monarquía aparecía inevitablemente asociada al legado del régimen: el propio Franco había promovido su restauración y señalado al joven príncipe como su sucesor. Sin embargo, en los meses siguientes comenzó a abrirse paso otra imagen: la de un monarca dispuesto a encabezar la transformación hacia la democracia, en diálogo con las nuevas fuerzas políticas y con una sociedad que reclamaba libertades y elecciones libres.
La clave de ese giro estuvo en la Transición. El nombramiento de Adolfo Suárez en 1976, la legalización de partidos y sindicatos, las elecciones de 1977 y, finalmente, la Constitución de 1978 fueron hitos de un proceso en el que la Corona desempeñó un papel fundamental. Ese papel se hizo especialmente visible en la noche del 23-F, cuando la intervención televisada del Rey resultó determinante para frenar el golpe de Estado.
La nueva Carta Magna fijó por primera vez de forma clara el encaje de la Corona en un sistema plenamente democrático. España se definió como una “Monarquía parlamentaria” y el Rey pasó a ser Jefe del Estado, “símbolo de su unidad y permanencia”, encargado de “arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones”.
EL REINADO DE JUAN CARLOS I
La figura de Juan Carlos I está ligada al éxito de la Transición: la imagen del Rey demócrata que había conducido al país desde la dictadura a la libertad se convirtió en un relato compartido por la sociedad y respaldado por la comunidad internacional.
Juan Carlos I heredó todos los poderes del Estado, que quedaron progresivamente subordinados al nuevo marco constitucional. Durante décadas, su figura fue presentada como símbolo del consenso y del servicio a España. Finalmente, en 2014 decidió abdicar. Una ley orgánica aprobada por las Cortes y sancionada en una ceremonia solemne en el Palacio Real hizo efectiva su renuncia y dio paso a la proclamación de su hijo, Felipe VI.
EL TIEMPO DE FELIPE VI
La proclamación de Felipe VI, el 19 de junio de 2014, abrió una nueva etapa para la monarquía española. Ante las Cortes, el nuevo Rey subrayó la necesidad de una Corona “íntegra, honesta y transparente”.
En estos años, Felipe VI ha querido asociar su imagen a valores como la ejemplaridad, el servicio público y la cercanía a una ciudadanía que ha vivido entre la crisis económica y la pandemia.
A su lado, la figura de la Princesa de Asturias, Leonor, comienza a ocupar un espacio creciente: su jura de la Constitución y su presencia en los actos del 50.º aniversario subrayan la continuidad dinástica en clave plenamente democrática.
CINCUENTA AÑOS DESPUÉS: BALANCES Y DESAFÍOS
La conmemoración del medio siglo de monarquía parlamentaria ofrece un balance complejo. Por un lado, es difícil comprender la consolidación de la democracia española sin el papel que la Corona desempeñó en la Transición y en la vertebración institucional posterior. Bajo su paraguas, España ha vivido el periodo más largo de estabilidad democrática, integración europea y progreso económico de su historia contemporánea.
En los salones del Palacio Real, las celebraciones del 50.º aniversario no son solo una mirada hacia atrás, sino también un ensayo general del futuro. Las imágenes de tres generaciones componen una estampa que pretende transmitir continuidad, estabilidad y modernización a un tiempo.
La monarquía, como toda institución histórica, se sostiene tanto en la memoria como en la capacidad de renovarse. Cincuenta años después de aquel 22 de noviembre de 1975, España ya no es la misma, pero sigue debatiendo qué espera de su Corona: si la quiere como un espejo de su diversidad o como un símbolo de unidad por encima de las fracturas.
En esa encrucijada, entre la herencia de la Transición y las preguntas abiertas del siglo XXI, se escribe hoy el nuevo capítulo de la monarquía española. Y es ahí, en esa línea delicada entre tradición y cambio, donde este 50.º aniversario adquiere su verdadero significado.

TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: CORTES GENERALES © CASA DE S.M. EL REY



















