Cantaor: “El gran flamenco siempre ha sido pausado, para que el corazón lo asimile y lo haga suyo”
En un tiempo donde la prisa amenaza con diluir la emoción, Antonio Cortés reivindica el valor de la pausa, del cante dicho a media voz y del silencio que sostiene la verdad. El cantaor andaluz atraviesa un momento de plenitud artística en el que la madurez no le pesa, sino que le ilumina, y en el que cada interpretación nace de un conocimiento profundo de sí mismo y de su raíz.
Con el reciente estreno de “Así fue”, Cortés habla de la copla desde el respeto y la emoción. En esta entrevista, el artista reflexiona sobre la verdad del cante, la importancia del silencio, el peso del recuerdo y la complicidad con el público, en una etapa vital marcada por la serenidad, el disfrute y la fidelidad a una manera de sentir que sigue latiendo con fuerza propia.


¿En qué momento artístico se encuentra usted, Antonio Cortés?
Me encuentro en un momento muy feliz, probablemente en uno de los mejores de mi vida artística. Estoy descubriéndome a mí mismo como persona, como identidad y como artista, encontrando matices de madurez que antes no tenía. Siento que vivo un pleno proceso de descubrimiento en todo lo que hago, con la tranquilidad de saber quién soy y qué quiero contar. Es, sin duda, el momento más asentado que llevaba mucho tiempo buscando, y ahora lo estoy viviendo con felicidad y, sobre todo, disfrutándolo intensamente.
Estrena una nueva canción titulada “Así fue”. ¿Qué emociones o recuerdos atraviesan el cante y qué parte de usted hay en esta interpretación?
“Así fue” es un tema que me llega al alma, una versión muy personal de la icónica canción de Juan Gabriel que interpretó Isabel Pantoja, y que ahora, con mi sello en Senador Música, lleno de copla y sentimiento flamenco. Las emociones que atraviesan este cante son un torbellino de pasión, nostalgia y liberación: hablo de ese reencuentro con un ex amor cuando ya has encontrado uno nuevo, ese pellizco en el corazón que duele, pero también te hace más fuerte. Es rabia contenida por lo que se fue, pero también la alegría de seguir adelante, con un duende que sale del alma y conecta directamente con quien escucha, como ocurre en mis conciertos, donde el público se emociona hasta las lágrimas.

emoción se imponga al artificio?
He trabajado la interpretación de “Así fue” desde el alma pura, dejando que la emoción cruda se imponga al artificio para que cada nota sea un latido verdadero del corazón.
He buceado en mis propios recuerdos de amores y desamores reales, permitiendo que la vulnerabilidad salga sin filtros, porque solo así la copla toca el duende auténtico que el público siente en vivo. En el estudio, junto a Francisco Carmona, prioricé la naturalidad sobre las perfecciones técnicas, grabando tomas donde lloro o tiemblo de verdad, porque el artificio mata la verdad. He pulido la voz con ejercicios de control emocional, pero siempre dejando espacio para que se quiebre cuando el cante lo pide, como en el estribillo, donde revivo ese “así fue” con rabia liberadora. En conciertos como el del 14 de febrero en Torremolinos, conecto mirada a mirada con el público, olvidando luces y escenario para que sea un diálogo íntimo de almas.
Usted es un cantaor muy vinculado a la pureza del cante. ¿Cómo dialoga esa raíz con una canción nueva como esta?
Esa pureza viene de mi tierra andaluza, de palmas y quejíos que aprendí desde niño, y dialoga con “Así fue” respetando su esencia de Juan Gabriel e Isabel Pantoja, pero tiñéndola de mi flamenco íntimo y sin adornos superfluos. No altero la melodía por postureo, sino que la visto con mi voz ronca y emocional, como si fuera un tema de mi repertorio clásico que cobra vida nueva.
¿Qué importancia tienen el silencio, la contención y el tempo en su forma de cantar?
El silencio, la contención y el tempo son para mí como el aire que respira el cante: esenciales para que la emoción llegue limpia y profunda, sin forzarla, permitiendo que cada palabra y cada nota encuentren su lugar natural.
¿Dónde podremos escucharle próximamente?
Pues este 2026, de momento el 14 de febrero en Torremolinos en el Palacio de Congresos, el 14 de marzo en el Teatro Garnelo de Montilla y el 10 de abril en Carmona.
La memoria y el pasado están muy presentes en su cante. ¿Cree que el flamenco es, en esencia, un ejercicio de recuerdo?
La memoria está en cada palmo de mi voz, porque el flamenco nace del dolor colectivo, de penas pasadas que se cantan para sanar. Es recordar a los míos, a Andalucía, a las luchas que me forjaron, haciendo que cada interpretación sea un puente al ayer que late hoy. El pasado no pesa, ilumina: en este momento maduro canto recuerdos no con nostalgia muerta, sino viva, fusionándolos con lo nuevo para que el público se vea reflejado en ellos, como ocurre en conciertos donde revivo quince años de carrera con frescura.
¿Cómo ha evolucionado su voz y su manera de entender el cante con el paso del tiempo?
He pasado de imitar a sentir. El cante ya no es solo técnica, sino conexión personal. Esta etapa feliz me ha dado matices de madurez, entendiendo que la pureza está en la verdad del momento, no en gritar más alto. Ahora canto con la tranquilidad de quien se conoce: una voz más rica, una interpretación más humana, lista para conciertos como el de Torremolinos, donde fusiono quince años de evolución en cada nota, disfrutándolo como nunca.

sobre el escenario?
El público me da alas. Su aplauso o su silencio me dicen si he tocado el alma, y yo respondo ajustando el tempo o el color de la voz, porque el cante puro nace de esa entrega mutua, no de un monólogo. En este momento maduro, el público es compañero de viaje; en recitales como el del 14 de febrero busco esa comunión donde todos sentimos juntos, confirmando que, si yo disfruto, ellos vibran conmigo de verdad.
La saeta y los palos solemnes ocupan un lugar destacado en su trayectoria. ¿Qué le aportan espiritualmente como artista?
Espiritualmente me aportan humildad y trascendencia. Al cantar saetas al Cautivo de Málaga, como en tantos Lunes Santo, siento que mi voz se funde con lo divino, liberando penas y conectándome con algo más grande que yo. Es un bálsamo que purifica y convierte el escenario en templo. Hoy, en esta etapa feliz, me anclan a mis raíces nerjeñas y malagueñas, dándome paz para fusionarlos con copla moderna como “Así fue”, porque esa espiritualidad hace eterno mi cante.

En un tiempo marcado por la inmediatez, ¿qué lugar cree que ocupa un flamenco reposado y reflexivo como el suyo?
Creo que triunfa porque es honesto. En mi madurez actual lo defiendo como un antídoto contra la prisa, recordando que el gran flamenco siempre ha sido pausado, para que el corazón lo asimile y lo haga suyo.
Mirando al futuro, ¿qué caminos le gustaría seguir explorando sin perder la esencia que define su cante?
Quiero explorar fusiones frescas y proyectos íntimos sin perder la esencia pura de mi cante: más copla viva, colaboraciones con alma y escenarios que conecten de verdad. Seguir dialogando la copla con el bolero o el flamenco moderno, como en “Así fue”, pero siempre con mi duende andaluz intacto. Grabaciones acústicas, quizá con artistas jóvenes que respeten la pureza, explorar saetas innovadoras o un disco de palos solemnes con toques actuales, más pregones cofrades y giras por España donde cuente mi historia de quince años con inéditos y versiones sentidas.

TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO
ESPACIO: HOTEL ALFONSO XIII VESTUARIO: ANTONIO ARCOS


















