LA NUEVA VIDA DE UN GIGANTE INDUSTRIAL
La Real Fábrica de Artillería de Sevilla respira de nuevo. Tras décadas de silencio y espera, las naves que un día moldearon bronces y cañones renuevan hoy una energía distinta: la de la creación contemporánea. La restauración reciente del sector occidental del recinto, un hito arquitectónico y cultural para la ciudad, no solo ha devuelto la dignidad a uno de los complejos industriales más importantes de Europa, sino que ha abierto las puertas a un nuevo horizonte para Sevilla. En el centro de esta transformación la revista Escaparate sitúa las palabras de la delegada de Turismo y Cultura, Angie Moreno.
La delegada afirma que esta intervención “culmina la recuperación integral de la zona oeste de la antigua Real Fábrica de Artillería y la consolida como un gran contenedor cultural contemporáneo” . Esto resume la magnitud de un proyecto que ha respetado el valor patrimonial del edificio mientras lo prepara para acoger exposiciones, espectáculos y residencias creativas. La piedra antigua, los arcos y las bóvedas contrastan ya con las demandas técnicas y artísticas del siglo XXI.

La necesidad de esta reforma no era menor. Durante años, Artillería avanzó en su restauración física pero sin un plan de uso claro. Moreno lo expresa con sinceridad: “Era imprescindible cerrar una etapa de años de transición”. El edificio reclamaba no solo ser restaurado, sino ser devuelto a la vida pública con un proyecto sólido. Por ello, la reforma ha significado también la definición de un modelo cultural y una programación estable que convierten el recinto en un espacio útil, vibrante y conectado al pulso creativo de Sevilla.
Los objetivos marcados por el Ayuntamiento son ambiciosos. En palabras de la delegada, se trata de “consolidar Artillería como uno de los grandes centros culturales del país”. Un propósito que implica garantizar el uso continuado del edificio, integrar propuestas de creación contemporánea y proyectar la imagen de Sevilla como ciudad que abraza la innovación sin renunciar a su patrimonio. La Fábrica aspira a ser un motor cultural y económico, capaz de atraer nuevos públicos, dinamizar el barrio y generar empleo en el sector creativo.
La intervención, además, ha permitido ordenar patios y naves para su uso definitivo, fusionando historia y funcionalidad. “La rehabilitación ha permitido recuperar la estructura histórica y dotarla de las infraestructuras necesarias para exposiciones temporales, artes escénicas, actividades formativas y residencias” explica Moreno. Es una transformación pausada, respetuosa, casi artesana: los espacios se han moldeado para ser vividos, sin despojarse de la memoria industrial que aún se siente entre sus muros.
El papel del Ayuntamiento ha sido, según la propia delegada, decisivo: “El Ayuntamiento ha asumido tanto la recuperación patrimonial como la puesta en marcha del modelo cultural”.
Primero se aseguró la restauración arquitectónica; ahora se consolida una organización y un plan de usos que garantizan el futuro del edificio. Artillería deja de ser un proyecto en tránsito para convertirse en un equipamiento cultural plenamente operativo.
La ciudad, por su parte, gana mucho más que un edificio recuperado. La delegada recuerda que este proyecto tendrá un impacto directo en el patrimonio, la cultura y la economía. La Fábrica se integra en la vida cotidiana de Sevilla, amplía la oferta cultural y fortalece la actividad vinculada a la producción artística. Y lo hace sin olvidar su historia. Moreno afirma que la memoria industrial del edificio permanece: “Artillería conserva su memoria no como un espacio inmóvil, sino como un patrimonio vivo que dialoga con las nuevas formas de creación”.

Quizá el mensaje más evocador que deja esta nueva etapa es el que la delegada dirige a la ciudadanía: “Artillería es un símbolo de la Sevilla que queremos: una ciudad que protege su historia y, al mismo tiempo, apuesta por una cultura abierta, contemporánea y ambiciosa”. En esas palabras se condensa la esencia de este renacimiento: la reconciliación entre el hierro y la luz, entre la memoria y el porvenir.
Hoy, la antigua fábrica no solo se restaura: se reencuentra. Sevilla la recupera como un espacio para todos, un lugar donde el pasado se honra y el futuro se imagina. Y bajo sus techumbres centenarias, vuelve a sonar algo parecido al latido: no ya el estruendo de los hornos, sino el rumor de la cultura que crece.

TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: CEDIDAS POR EL AYTO. DE SEVILLA



















