FIRMA INVITADA
Con este mes de diciembre llega la Navidad y el ambiente se empieza a llenar de adornos y luces. Entre luces y espumillón empiezan ya a aparecer portales de Belén.
Si uno se para a pensar, la estampa del nacimiento es realmente curiosa, muy muy curiosa. Y la historia que lleva detrás más todavía. Sin embargo, si algo pone de manifiesto todo ello es la pervivencia de la familia por encima de todo.
En un momento en el que se pone de moda la fe católica y en el que los jóvenes parecen poner más ahínco en casarse, creo que es justo hacer especial mención a la familia. La familia como institución, como activo socioeconómico, y, sobre todo, como pieza clave de la sociedad. Y digo bien al referirme a una mención especial ya que, por suerte o por desgracia, vivimos en un momento en el que la familia parece devaluarse. No se le da el valor que realmente tiene, no resulta “atractivo” el modelo de familia “tradicional” (si es que hay algún otro modelo de familia), no se promociona.
Pese a todo esto, la imagen del nacimiento, mirándola con atención, expone quizá las virtudes fundamentales de la familia y las que, probablemente, todo individuo necesite en su vida. La familia es el primer y último acompañamiento que recibe una persona por el mero hecho de ser, pervive pese a todo y a todos. Hablar de familia, no obstante, va directamente unido a hablar de matrimonio. Y todo ello conlleva plantearse la importancia que como sociedad le damos a la institución del matrimonio, es inevitable pensar en ello al ver la imagen de Belén.
Hace días publicaba el diario ElMundo el apego que tienen las nuevas generaciones a casarse, habiendo vivido una época en la que la ciudadanía se cuestionaba la importancia, validez y vigencia del matrimonio en la sociedad, una nueva horda de jóvenes demuestran que apuestan por el compromiso, el sacrificio por el otro y ponen de manifiesto que es posible el amor, como se suele decir, para toda la vida. Es interesante, aún así, hacer hincapié en que todo esto requiere esfuerzo, sacrificio y renuncias, el amor y el matrimonio no es algo que se regale, es algo que se debe trabajar y que requiere sacrificio y renunciar totalmente y por completo al 50/50. La juventud se da cuenta de ello, se da cuenta de que el esfuerzo por el compromiso da algo que pocas cosas dan en la vida: estabilidad. Una estabilidad que las nuevas generaciones se han cansado de no tener: en el trabajo, en la economía, en la familia, en la sociedad, en la política…
Ojalá y el nacimiento no sea un mero adorno navideño, ojalá y sea un espejo donde mirar, un plan de vida, una apuesta de futuro. Ojalá y entendamos que el motor de una sociedad bien construida, bien formada y con vistas al futuro es la familia. Ojalá y aprendamos de esa fortaleza, ternura, cariño, entrega, generosidad, renuncia y esfuerzo que quedan plasmadas en el establo de Belén. Supongo que eso, igual que otros muchos asuntos, son cosas de familia.
TEXTO: ENRIQUE GALÁN ILUSTRACIÓN: MARTA RODRÍGUEZ-SAÑUDO GARCÍA DE LA BORBOLLA



















