CANTANTE: «HAGO UN TRIBUTO A JULIO IGLESIAS COMO NUNCA SE HA HECHO»
En la voz de Diego Ramos resuena una mezcla de destino y pasión. Torero durante un cuarto de siglo, forjado en la dureza castellana y templado bajo el sol de Andalucía, ha cambiado de tercio: el brillo del traje de luces se ha transformado en el resplandor de los focos del escenario. Nunca ha visto los toros desde la barrera; siempre se ha arriesgado por cumplir los sueños que tuvo de niño.
Hoy, de frente y por derecho, ese mismo espíritu lo lleva a un nuevo ruedo: el de la música. Diego Ramos rinde homenaje a Julio Iglesias, no desde la imitación, sino desde la admiración y el respeto, reviviendo un repertorio universal. Entre la memoria de los alberos y la emoción de los aplausos, se alza ahora en escenarios que llena hasta la bandera, perfilándose como un artista que busca su propio lugar, del mismo modo que lo halló en el toreo.
Diego Ramos abre las puertas de su alma a Escaparate y, con franqueza, habla de sus raíces, sus temores y sus esperanzas. Una conversación que revela no solo al intérprete que honra a Julio Iglesias, sino también al hombre soñador que nunca olvida de dónde viene.

¿Quién es Diego Ramos?
Soy, ante todo, una persona muy soñadora; desde pequeño he soñado en grande. Aunque nací en Oviedo porque mi padre era policía nacional destinado allí, soy de un pueblo de Salamanca y me considero salmantino. Allí estudié la carrera de Derecho. Después pude cumplir mi sueño de ser torero, profesión a la que me dediqué durante 25 años, siempre acompañado por otra de mis pasiones: el canto.
¿Qué le trae de Salamanca a Sanlúcar de Barrameda?
El toreo. Quise ser torero desde que tenía 10 años y eso ha sido el tronco de mi vida. En Salamanca mi toreo era castellano, recio y austero, pero me vine aquí porque quería imprimirle el carácter andaluz, la sal del sur. Así llegué a Sanlúcar: lo vi como un paraíso y decidí quedarme. Aquí me casé con mi mujer, que es sanluqueña, y con ella tengo dos hijas.
¿Cómo recuerda sus años de torero?
El toreo es una profesión muy dura, de muchísimo sacrificio. Se sufre más de lo que se disfruta, pero ofrece una adrenalina incomparable. Han sido años de esfuerzo, persiguiendo el sueño de un niño. Cumplí metas como vestirme de luces, debutar con picadores, torear en Las Ventas de Madrid y tomar la alternativa en 2012. Lo más importante fue llegar a descubrir qué tipo de torero era, cuál era mi tauromaquia y mi estilo.


Además de la tauromaquia, dice que lleva toda la vida cantando. Pero, ¿cómo pasa del ruedo al escenario?
Como dice Julio Iglesias, de manera circunstancial. Hace más de 20 años me presenté a la segunda edición de Operación Triunfo. Siempre he sido un showman carismático y cantar es algo que llevo dentro desde niño, viendo a mi padre interpretar flamenco. Siempre que tuve oportunidad, canté canciones de Julio Iglesias, a menudo imitándolo. Hoy no lo imito: salgo al escenario como Diego Ramos y hago un tributo a Julio Iglesias como nunca se ha hecho.
¿Cómo comienza a hacer este tributo a Julio Iglesias?
Un poco antes de la pandemia, mi mujer me regaló un altavoz con micrófono por Navidad. Durante ese tiempo empecé a cantar en reuniones de amigos, y todos decían que cantaba “igual que Julio Iglesias” e incluso que me parecía a él. Por esas fechas, en una caseta de feria en Sanlúcar, me dieron un micrófono y puse la caseta patas arriba cantando por Julio. Varias personas del mundo de la música me dijeron que podía dedicarme a esto.
El punto de inflexión llegó en el Hotel Wellington de Madrid. Fui a ver un tributo a Julio Iglesias del grupo A Dos Velas y me invitaron a cantar. Interpreté dos canciones y, dos meses después, comencé a hacer el tributo con orquesta. El año pasado realicé 10 conciertos en teatros de varias ciudades de España, y este tributo tiene cabida porque Julio Iglesias no canta desde 2019.
¿Qué balance hace de este año?
Este año es de transición. Apareció en mi vida Paco Cepero, maestro guitarrista y compositor, a quien conocí por casualidad porque vive detrás de mi negocio en Jerez. Desde el primer momento me dijo que yo podía ser cantante, que tenía todos los ingredientes para ser artista. Eso me hizo creer que, más allá del tributo, puede haber una carrera musical como Diego Ramos. También he recibido el reconocimiento de Manuel Alejandro y, junto con el del público, me anima a seguir este camino.
¿Qué similitudes encuentra entre el ruedo y el escenario?
El miedo que he sentido antes de torear es el único que conozco, y es el mismo que experimento antes de subir a un escenario para dar un concierto de casi dos horas, acompañado por 18 músicos. Aunque no haya un toro que pueda cogerme y matarme, la responsabilidad genera el mismo miedo. La lección más importante del toreo es encontrarse a sí mismo y saber qué torero eres; eso mismo lo aplico al canto.
¿Qué le diría a Julio Iglesias si lo tuviera delante?
Le diría que soy un admirador más, que he crecido con sus canciones y que lo respeto profundamente. Lo reconozco como el artista español más importante de la historia y como uno de los grandes referentes internacionales: ha vendido 350 millones de discos y publicado más de 80 álbumes en 10 idiomas. Creo que España le debe un gran homenaje. Yo, a mi manera, le estoy rindiendo tributo, reviviendo sus canciones y su estilo con verdad y honestidad en un panorama musical difícil.


¿Qué espera del futuro?
Espero seguir con paso firme, aprender de los errores. Ya no tengo la ansiedad que sentía antes, porque esto ya es una
realidad. Disfruto mucho del proceso, de la emoción del público y de su reconocimiento.
Un lugar
Sanlúcar de Barrameda, porque me lo ha dado todo como persona: marcó mi vida y aquí me casé y formé mi familia.
Una canción
Me olvidé de vivir, porque recuerda que no debemos olvidar los pequeños detalles, ya que la vida y el tiempo pasan rápido.
Un sueño
Conocer a Julio Iglesias en persona. Que entienda que lo que hago es un homenaje sincero, no una imitación. Le diría que soy
licenciado en Derecho como él, que él fue futbolista y yo torero, y que gracias a él estoy teniendo esta oportunidad.
Texto: Fernando Copete
Fotos: Gerardo Morillo



















