Alalá significa alegría en caló, y Sevilla se viste de arte y memoria para celebrar esa alegría con el X aniversario de la Fundación Alalá. Más que una década de servicio, estos diez años representan una profunda transformación social.
Desde sus inicios, concebida por un puñado de voluntarios comprometidos con la causa social, Alalá ha fijado su mirada en los más vulnerables, especialmente en el Polígono Sur de Sevilla, conocido por el estigma de “las 3.000 viviendas”, y también en la vitalidad de Jerez de la Frontera, concretamente en la zona de Estancia Barrera. Allí, el flamenco no es solo una disciplina; se convierte en un vehículo educativo y en un medio para el cambio, ofreciendo formación gratuita en baile, guitarra, percusión, teatro y artes plásticas a niños y jóvenes en riesgo de exclusión.
En el umbral de esta efeméride, la directora de la Fundación Alalá, Blanca Parejo Zabala, afirma que “nuestra celebración del décimo aniversario busca, ante todo, poner en valor las cosas y el trabajo realizado durante estos 10 años. Es fundamental recordar y valorar el punto en el que nos encontramos hoy, considerando nuestros humildes inicios. Empezamos casi con nada, con una pequeña peña y solamente ocho alumnos, y ahora, tras un recuento realizado esta mañana, tenemos contabilizados 390 alumnos”.
Según la directora, “el propósito de esta conmemoración es triple. Primero, es necesario dar visibilidad a toda la gente que viene a celebrar con nosotros este aniversario. Segundo, debemos recordar a las instituciones que el barrio de Polígono Sur también es Sevilla. Es vital recordar que las 3.000 viviendas están dentro de Polígono Sur, un barrio que se merece todo el apoyo y todos los recursos de todas las instituciones que nos acompañen ese día. Y tercero, es un momento crucial para reflexionar, mejorar y, por supuesto, celebrar estos 10 años que han sido un éxito, lo cual podemos demostrar con muchos indicadores”.
Blanca hace hincapié en que “al hacer balance de esta década, me quedo con todas las actividades que hemos realizado. Aunque el trabajo diario es muy bonito, donde los profesores lo dan todo y el equipo de gestión lo da todo para que todo salga bien, es verdad que si me tengo que quedar con algo, me quedo con las caras de estos niños y niñas. Me refiero a esa satisfacción y esos nervios que hemos pasado cada vez que hemos hecho un gran espectáculo. Los momentos más significativos son cuando estos niños y niñas se bajan de los escenarios tras compartir escenario y experiencias con grandes artistas. Un recuerdo imborrable, por ejemplo, es ver las caritas de los niños cuando regresamos de Madrid tras un concierto de Alejandro Sanz; eso es algo que para mí se queda grabado”.


Con más de 400 alumnos participando en sus actividades entre ambas sedes, la fundación —que cuenta con el apoyo de entidades como Konecta Foundation— amplía su radio de acción a través de becas específicas como “Loyola-Alalá”, “BIT” (orientadas al empleo juvenil) o “Caracafé” (para nutrir talentos flamencos).
Lo más destacable de esta celebración de diez años es la exposición “Romance de la luna, luna”. Inaugurada el pasado 24 de septiembre en la Fundación Valentín de Madariaga y Oya, esta muestra —cuyo título evoca la poesía andaluza— estará abierta al público hasta el 23 de noviembre.
Comisariada por Paco Pérez Valencia, la exposición ha reunido a creadores íntimamente ligados al barrio de las 3.000 viviendas y a la fundación. Obras de artistas como Pierre Gonnord, María Ortega Estepa y Emilio Caracafé exploran los claroscuros de la existencia en el barrio, abordando temas esenciales como los prejuicios, la vulnerabilidad, la identidad gitana, la tradición y el poder sanador de la educación y la integración.
Junto a esta muestra, la fundación ha lanzado la Peña Amigos de Alalá, una comunidad solidaria ideada para asegurar que la fundación perdure, garantizando materiales y la continuidad de las clases.
Blanca Parejo culmina con una visión que prioriza el alma de las personas: “En cuanto a cómo miramos el futuro de Alalá, lo hacemos con esperanza. Nuestra esperanza es poder transformar el barrio. No obstante, la meta final es poder decir, el día de mañana, que Alalá tuvo mucho que ver en la transformación de las personas, más incluso que en la transformación del barrio, porque al final son las personas las que consiguen transformar el barrio”.



















