Hermano Mayor de la Macarena: “Queremos recuperar la excelencia en todos los aspectos y poner al hermano en el centro de la vida de la hermandad”
Bajo el arco que custodia una de las devociones más universales de Sevilla y ante la mirada eterna de la Esperanza, Fernando Fernández Cabezuelo inicia una etapa al frente de la Hermandad de La Macarena marcada por la responsabilidad y el deseo de que la corporación recupere la excelencia. Su historia personal se entrelaza con la de la hermandad desde la cuna, como parte de una familia que ha hecho de la devoción un legado vivo.
Su reciente elección como Hermano Mayor abre un tiempo de reflexión, pero sobre todo de trabajo y propósito. Con la mirada puesta en el protagonismo del hermano dentro de la institución, desgrana en esta entrevista los retos inmediatos, las lecciones recientes y el horizonte que dibuja para el futuro de los macarenos, con la firmeza de quien conoce la hermandad desde dentro, ha crecido en su vida cotidiana y lleva por bandera el sentirse macareno.

¿Háblenos de su trayectoria en la hermandad de La Macarena hasta llegar a ser su Hermano Mayor?
Pertenezco a una familia de gran arraigo macareno, siendo la cuarta generación documentada perteneciente a juntas de gobierno y la octava bautizada en San Gil. Soy hermano desde que nací, hace 61 años, y he participado en la vida de la hermandad en casi todas sus facetas. Antes de ser hermano mayor, formé parte de la junta de gobierno durante ocho años bajo el mandato de Manolo García.
¿Qué le impulsó a presentar su candidatura a Hermano Mayor?
Muchos macarenos sentían que se estaba perdiendo la cercanía con los hermanos y la excelencia histórica de la hermandad. Un grupo importante, que empezó siendo de 200 personas y terminó con más de 500, me pidió que liderara un proyecto ilusionante. Aunque intenté que hubiera una única candidatura, al comprobar que la unión entre los otros dos candidatos era imposible, decidí presentarme de manera independiente para que los hermanos decidieran el futuro de la hermandad.
Uno de los momentos que marcó el proceso electoral fue la restauración de la Esperanza. ¿Cómo lo vivió usted?
Fue un momento de mucho dolor y preocupación debido a una restauración inicial fallida que me generó un malestar muy grande. Sentirnos “huérfanos” sin la Virgen durante meses fue muy duro, especialmente por los hermanos que fallecieron sin poder despedirse de Ella. Afortunadamente, la posterior restauración de Pedro Manzano y la comisión de seguimiento devolvieron la tranquilidad y la normalidad a todos los macarenos.
¿Cuál es el eje principal de su proyecto para estos cuatro años?
Mi proyecto se basa en dos pilares fundamentales: queremos recuperar la excelencia en todos los aspectos y poner al hermano en el centro de la vida de la hermandad. Queremos que el hermano se sienta en su casa, que la hermandad esté en paz y que todos puedan integrarse plenamente.


¿Cómo están siendo los primeros meses como hermano mayor?
El primer gran reto fue organizar el besamanos del centenario; queríamos recrear el primer centenario del besamanos en su ubicación original, San Gil. Actualmente, estamos aterrizando, analizando el estado del patrimonio y las cuentas, mientras nos volcamos de lleno en la organización de la Cuaresma y la Semana Santa.
¿Qué ha detectado en este análisis inicial?
La asistencia social funciona, pero queremos potenciar el patrimonio humano y el voluntariado. Nuestra intención es trabajar esta asistencia en círculos concéntricos: primero los hermanos; luego, la parroquia; el barrio y, finalmente, la ciudad. Además, queremos colaborar de manera más estrecha con las Hermanas de la Cruz.
¿De qué manera se prepara la hermandad para la próxima estación de penitencia y cómo afronta el crecimiento del número de nazarenos de los últimos años?
Estamos realizando un estudio profundo de la cofradía para mejorar la comodidad de los nazarenos y dignificar su paso por la calle. Respecto al aumento de nazarenos, estamos totalmente en contra de limitar su número, ya que el hermano tiene el derecho y la obligación de realizar la estación de penitencia. Haremos los sacrificios que pida el Consejo de Hermandades y solicitamos que todas las cofradías de la Madrugá colaboren de igual forma.


A nivel personal, ¿qué significan para usted el Señor de la Sentencia y la Virgen de la Esperanza?
Mi vida les pertenece. El Señor de la Sentencia es el Dios de los macarenos y mi único Señor, y la Virgen es mi guía y lo más importante de mi vida. No hay un solo momento en que no piense en Ellos y ponga mi vida en sus manos.
¿Qué les pide a Ellos para estos cuatro años?
Les pido que me guíen para gobernar bien, llevar a la hermandad al sitio que merece y, sobre todo, conseguir unirla definitivamente.
¿Qué mensaje le gustaría enviar a Sevilla y a sus hermanos a través de estas páginas?
Decirles que esta junta de gobierno está al servicio de los hermanos para hacerlos felices y abrir la hermandad de par en par. Vamos a acercar a la Virgen a todos los devotos; por ello, ya hemos decidido abrir el camarín de la Virgen todos los días para que Sevilla se sienta cerca de Ella.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO

















