LA VENTANA QUE MIRA A SEVILLA
En estas líneas nos adentramos en aquella ventana desde la que se venera históricamente a Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje que, cerca de la Puerta de Carmona, recibe las oraciones de vecinos y viajeros.
A través de esa ventana descubrimos el corazón del barrio de San Esteban y el de la Hermandad, que celebra su primer centenario con memoria viva, herencia compartida y una promesa renovada ante Sevilla.

Fundada en 1926, la corporación ha atravesado décadas de transformación social, momentos de dificultad y etapas de esplendor, siempre fiel a su identidad. Desde sus primeras estaciones de penitencia hasta la consolidación de su patrimonio artístico y devocional, la Hermandad ha sabido crecer sin perder la esencia que le dio origen.
Su Hermano Mayor, Luis Tovaruela Díaz, lo resume con claridad: cumplir cien años “significa alcanzar un hito histórico que celebra un siglo de fe, tradición y servicio. Representa la consolidación de un legado espiritual y cultural transmitido de generación en generación, manteniendo vivas las devociones que heredamos, los cultos que celebramos, la caridad que ponemos en marcha y la presencia de la hermandad en la vida cofrade de Sevilla”.
El centenario se está viviendo “con una profunda ilusión y un sentimiento compartido de orgullo y gratitud”, afirma el Hermano Mayor. De este modo, “el centenario no solo está sirviendo para mirar al pasado con admiración, sino también para fortalecer la identidad de la Hermandad y proyectarla hacia el futuro con renovada esperanza. Es, en definitiva, un año de vivencias intensas”, añade.


Para quien ostenta la responsabilidad de guiar la corporación en este aniversario, la experiencia adquiere un matiz aún más profundo. Tovaruela Díaz confiesa vivirlo “con una emoción especial y un profundo sentido de responsabilidad”. Ser testigo directo de este hito “me llena de honor, pero también de una alta responsabilidad”. Y asegura que “es una experiencia única, que combina emoción, compromiso y una enorme satisfacción por ver cómo la Hermandad celebra cien años de fe y dedicación”.
Al hablar del siglo transcurrido, el Hermano Mayor hace “un balance profundamente positivo y, sobre todo, muy emocionante”. Cien años que muestran “una Hermandad que ha sabido crecer sin perder su esencia, que ha sabido mantener sus tradiciones y, al mismo tiempo, adaptarse a cada época”. En ese recorrido no han faltado dificultades, pero la devoción y la ilusión han permanecido intactas. “Cien años no son una meta, sino un punto de partida”, subraya. Porque la historia recibida no es solo motivo de orgullo, sino una responsabilidad compartida: “Somos herederos de una historia grande, pero también guardianes de su futuro”.
Ese futuro se sostiene, en buena medida, sobre lo que el propio Hermano Mayor define como el mayor tesoro de la corporación: su patrimonio humano. “Lo que realmente define nuestro presente es nuestro patrimonio humano”, asegura. Hermanos comprometidos, implicados en la vida diaria de la Hermandad, y una juventud integrada activamente en las distintas diputaciones, asumiendo responsabilidades con respeto a la tradición. “Su presencia no es solo importante: es imprescindible. En ellos vemos continuidad, renovación y esperanza”. San Esteban vive, así, “un momento de madurez, de estabilidad y de ilusión”.


LA CELEBRACIÓN DEL CENTENARIO
El programa conmemorativo del centenario está marcado por citas de especial relevancia que han trascendido lo meramente celebrativo para convertirse en auténticos actos de afirmación identitaria. La exposición organizada con motivo de los cien años ha permitido recorrer, a través de enseres históricos, documentos fundacionales y piezas patrimoniales de singular valor, la evolución estética y espiritual de la Hermandad, ofreciendo a hermanos y visitantes una lectura íntima de su memoria.
Entre la multitud de actos, el más destacado será la procesión extraordinaria que protagonizará el Señor de la Salud y Buen Viaje en noviembre. El titular irá a la Catedral en andas el 21 de noviembre, para celebrar una eucaristía presidida por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, en la mañana del 22. Ese mismo día, la imagen regresará en procesión sobre su paso de salida sin el misterio.
Pero si hay un rasgo que define con fuerza este centenario es su dimensión social. Los cultos y actos extraordinarios pueden dejar huella en la memoria cofrade, pero el Hermano Mayor advierte con claridad que no bastaría con eso. “Si solo nos quedamos en eso tendríamos una celebración hueca, vacía de contenido”. Por ello, la Hermandad ha querido que el eje fundamental de sus primeros cien años sea una obra social sólida y de largo alcance.


“San Esteban va a cubrir una necesidad detectada a través de múltiples encuentros, reuniones y análisis de necesidades de forma profesional”, explica. No se trata de una acción puntual, sino de “sentar las bases, construir los cimientos de lo que va a ser un proyecto constante y a muy largo plazo”, en colaboración con el Hogar de Madre de Desamparados y San José de la Montaña y un equipo multidisciplinar de profesionales. “Este es un proyecto no de presente, sino de futuro. Solo así habremos celebrado, como Dios manda, el I Centenario de la Hermandad de San Esteban”.
Cien años después de su fundación, la Hermandad de San Esteban asume con serenidad la herencia recibida y la transforma en compromiso. Más allá de la efeméride, el centenario es algo más profundo que una celebración: es un ejercicio de conciencia.
San Esteban mira su propia historia no como quien observa un álbum antiguo, sino como quien revisa los cimientos de su casa para asegurarse de que resistan el paso del tiempo. En la sobriedad de sus cultos, en la implicación de sus hermanos y en la apuesta decidida por una obra social con vocación de permanencia reside una misma idea: la hermandad es una tarea diaria.
Y así, entre la memoria agradecida y el compromiso firme, San Esteban demuestra que el verdadero legado no está solo en lo que fue, sino en lo que está dispuesto a seguir siendo.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: ARCHIVO DE LA HERMANDAD

















