La vigencia de un genio 400 años después
Cuatro siglos después de su muerte, la obra de Juan de Mesa continúa viva en la penumbra de los templos y en la hondura de los sentimientos sevillanos. Su legado pertenece al pulso vivo de una ciudad que lo reconoce en cada mirada elevada hacia el Cristo del Amor, el de la Conversión o el Señor del Gran Poder.
Con motivo del 400 aniversario de su fallecimiento, el catedrático de Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, Andrés Luque, reflexiona junto a la revista Escaparate sobre la fuerza intacta de un escultor que supo transformar la madera en emoción perdurable.

“Pienso que hay dos factores fundamentales para que su figura siga vigente: uno, la excelencia de su escultura, con una gran capacidad creativa; y el otro, más importante todavía, es cómo han arraigado sus principales imágenes en la devoción popular. Cuando se dan la calidad artística y la devoción, las obras se convierten en prototipos con un prestigio inigualable”.
En esa doble dimensión de arte y fe reside la clave de una permanencia que trasciende épocas y estilos. La personalidad artística de Juan de Mesa se define, según Luque, por una audacia formal que lo distingue de su maestro.
“A diferencia de Martínez Montañés, que se basa en el naturalismo clásico, la proporción y el orden, Juan de Mesa se decanta por la desproporción de la figura. Es una desproporción consciente y creativa con la que pretende alterar el modelo natural para dar una versión mucho más veraz a simple vista. Sus desproporciones están calculadas para generar una potencia expresiva tremenda que resulta muy efectiva en la oscuridad de las calles”.

La historiografía ha tendido a establecer contrastes rígidos entre Mesa y su maestro, el gran Juan Martínez Montañés. Luque matiza esta dicotomía: “Hoy día sabemos que el escultor derive al modelo clásico o al dramático no fue elección de él, sino del que encarga la obra”.
Por tanto, no es que uno fuera más clásico y otro más dramático en su obra, sino que dependía de si era el clero o las hermandades quienes encargaban las mismas.
Por tanto, según Luque, “Martínez Montañés fue tan o más dramático que Mesa en obras como el San Jerónimo de Santiponce, y Juan de Mesa fue tan o más clásico que Montañés en el Crucificado de la Buena Muerte.
Pese a esto, es cierto que, el gran fuerte creativo de Mesa no está en lo intelectivo, como en Montañés, sino en lo visual; él busca la nueva forma para sacar un partido expresivo máximo”. En esa búsqueda de lo visual se encuentra su sello más reconocible.


EL ICONO QUE DEFINE UNA CIUDAD
Si hay una obra que condense la dimensión universal de Juan de Mesa es Jesús del Gran Poder. Para Andrés Luque, “El Gran Poder es indudablemente una imagen icónica con carácter universal, un prototipo de la propia ciudad de Sevilla. Esto Escaparate | 85
se debe a su impacto visual: frente a la dinámica naturalista que marcaría el peso de una cruz, Juan de Mesa hace justo lo contrario. Eleva el torso y abre la zancada, algo que es físicamente imposible para llevar una cruz, pero que genera un impacto de fuerza potente y extrahumana que impresiona al devoto”.
Esa zancada imposible, ese torso erguido contra toda lógica física, resumen la audacia del escultor. La imagen no reproduce la realidad: la intensifica. En la Madrugá sevillana, cuando el silencio se hace expectante, la anatomía alterada se convierte en símbolo de una fortaleza que supera lo humano y el arte se vuelve teología visible.

EL DESAFÍO DEL CUARTO CENTENARIO
Con motivo de esta efeméride, la nueva programación del Museo de Bellas Artes de Sevilla para 2026 incluye una gran muestra retrospectiva de la obra del escultor Juan de Mesa. Con más de una treintena de obras, esta antológica se inaugurará a finales de año y podrá verse hasta marzo de 2027.
Durante la presentación del programa cultural del Museo, la consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo, detalló que esta exposición “se enmarca en una de las principales líneas de trabajo de la pinacoteca, centrada en la investigación, revisión y actualización de los principales artistas de la Escuela Sevillana del Barroco, que le ha llevado a dedicar muestras a Francisco Pacheco, Bartolomé Esteban Murillo, Juan Martínez Montañés, Juan de Valdés Leal y Pedro Roldán, entre otros”.
Según Luque, el aniversario plantea, además, un debate cultural de calado. “Juan de Mesa es un escultor de primerísimo nivel y se le debe hacer una exposición con la categoría de las que se han dedicado a Montañés o Pedro Roldán. El problema es que la mayoría de sus obras seguras son imágenes titulares y en Sevilla existe una reticencia a cederlas. Una exposición sin el Gran Poder, el Cristo del Amor o la Conversión sería una muestra muy limitada”, advierte Luque.
Luque entiende que “muchos sevillanos vean inadecuado exponer imágenes que tienen una función de culto, pero en otras ocasiones se han llevado imágenes de culto y se ha hecho con mucha dignidad, como el Crucificado de la Clemencia en el Museo o el de los Desamparados en Londres”.
Entre la conservación devocional y la proyección cultural se abre un espacio de diálogo que el cuarto centenario invita a recorrer. Porque Juan de Mesa no es únicamente un capítulo brillante del Barroco andaluz: es una presencia que sigue caminando por Sevilla, sostenida por la madera, la fe y una fuerza expresiva que, cuatrocientos años después, continúa viva en la penumbra.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍAS: TOMÁS QUIFES

















