Escritor: “Sevilla simboliza la tradición y el poder, el esplendor y la miseria al mismo tiempo”
El rigor histórico y la sensibilidad literaria se dan la mano en la obra de Lucas Montojo, un autor que ha encontrado en la novela histórica un territorio fértil para explorar las emociones universales. Con una prosa pausada y reflexiva, Montojo invita al lector a habitar otros tiempos sin perder de vista las preguntas esenciales que todos nos hacemos en el presente.
En su nueva obra El secreto de Ultramar, el viaje se convierte en metáfora de transformación y libertad, y las mujeres anónimas de la historia adquieren el protagonismo que merecen. Conversamos con el escritor sobre su nueva obra profundizando en la memoria, los silencios narrativos y el pulso íntimo de una literatura que no busca la prisa, sino la profundidad.

¿Cómo se define Lucas Montojo como escritor?
Me defino como un autor que combina rigor histórico y libertad creativa. Me interesa lograr una narrativa inmersiva, capaz de conectar al lector con emociones universales como el amor o la pérdida, porque ahí es donde la literatura encuentra su verdad.
Además de los grandes personajes históricos, me atraen especialmente las vidas anónimas. En ellas hay una riqueza humana enorme y una capacidad de reflejar nuestras propias inquietudes y miedos que la historia oficial suele dejar al margen y que son atemporales.
¿Cómo nació El secreto de Ultramar y en qué momento sintió usted que esta historia necesitaba ser escrita?
Durante mi estancia en México entre 2013 y 2015 conocí la historia de varias mujeres españolas que se trasladaron allí tras la Conquista. Descubrí una parte olvidada del pasado que merecía ser contada y, a mi regreso a España, continué la investigación hasta que, tiempo después, nació El secreto de Ultramar, una novela histórica inspirada en hechos reales que narra la historia de María, una de esas mujeres valientes que, por cierto, era sevillana —añade—.
El título de la novela es profundamente sugerente. ¿Qué simboliza para usted ese “Ultramar” y qué tipo de secreto guarda en su interior?
“Ultramar” simboliza, además de las tierras situadas al otro lado del mar, lo desconocido, la frontera que solo se atrevieron a cruzar los más valientes, en una suerte de selección natural. Representa también la superación de uno mismo y de los miedos más íntimos, pero además la posibilidad de liberarse del pasado. Ultramar es, en ese sentido, la esperanza de la libertad y de un nuevo comienzo en un territorio donde todo estaba aún por hacer.

En la novela, el viaje no es solo físico, sino también emocional. ¿Hasta qué punto concibe usted el desplazamiento como una herramienta narrativa para el autoconocimiento?
El desplazamiento funciona como un despojamiento: al alejarse de lo conocido, el personaje queda expuesto y obligado a mirarse sin refugios. El viaje no transforma tanto por lo que se encuentra en él, sino por lo que se deja atrás, y en ese proceso surge el autoconocimiento.
Sus personajes en ocasiones avanzan con una contención muy medida, casi en silencio. ¿Cómo construye usted esas voces interiores sin caer en el exceso explicativo?
Prefiero sugerir antes que explicarlo todo. Confío en que el lector complete los silencios y entienda lo que no se dice, porque las emociones, aunque no siempre afloren, están presentes y condicionan cada decisión.
¿Qué papel juegan los lugares en este libro? ¿Son simples escenarios o auténticos personajes que condicionan la historia?
Los lugares no actúan como simples escenarios, sino como fuerzas vivas. Sevilla simboliza la tradición y el poder, el esplendor y la miseria al mismo tiempo; la recién refundada Ciudad de México, en cambio, encarna la posibilidad de la libertad y la esperanza. El espacio marca el ritmo del relato y condiciona la atmósfera y la moral de los personajes.


Su prosa destaca por un ritmo pausado y una atmósfera muy cuidada. ¿Es el estilo algo que surge de forma natural o un trabajo consciente y minucioso durante la escritura?
El estilo fluye de manera natural y evoluciona a medida que se ejercita la escritura. Con el tiempo se afina, pero cada historia exige un tono distinto, un ritmo propio. El estilo debe estar al servicio de la historia que se quiera contar.
Apuesta por una narración reflexiva. ¿Cree que el lector actual sigue buscando ese tipo de literatura más reposada?
Creo que sí, quizá más que nunca. En un mundo acelerado, la literatura puede ofrecer un espacio de resistencia, de calma. No todos los lectores buscan lo mismo, pero existe un lector atento que agradece una narración que no lo empuje, sino que lo invite a quedarse y paladear las palabras, las frases…
¿Qué ha significado para usted la presentación de este libro dentro de su trayectoria literaria? ¿Lo vive como un punto de llegada o de partida?
Lo vivo como un punto de inflexión. Como profesor universitario me había sentido más cómodo en el ámbito del texto científico, pero tras una primera incursión en la narrativa histórica con mi anterior libro «XIII. La otra familia del Rey» (Renacimiento, 2022), me he atrevido a transformar una historia real en una novela histórica. Es un salto que impone cierto respeto, pero que me ha permitido sentirme libre. Una experiencia que, sin duda, voy a seguir explorando.
¿Qué espera que encuentre el lector cuando cierre la última página de El secreto de Ultramar?
Me gustaría que el lector reconociera emociones profundamente humanas, universales, y que al cerrar el libro tuviera la sensación de haber viajado a otro tiempo y a otro lugar -hace una pausa y prosigue-. También que entienda esta novela como un homenaje al papel de la mujer en la historia. Con eso quedaría satisfecho.
Mirando al futuro, ¿en qué territorios literarios le gustaría adentrarse después de este viaje narrativo?
Me interesa seguir trabajando la novela histórica, ese espacio donde el rigor convive con la libertad creativa. De hecho, ya he empezado a dar forma a un nuevo proyecto, aunque por ahora prefiero no adelantar más detalles -ríe-.


TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: PELAYO MARTÍN


















