CEO de Dreamlove: “Innovar no es hacer ruido, sino aportar valor real”
Con una visión serena y una estructura empresarial sólida, Mario Romero ha convertido Dreamlove en uno de los grandes referentes europeos de un sector tan complejo como íntimo. Lejos de los tópicos y de los caminos fáciles, su trayectoria habla de constancia, profesionalización y una idea clara: crecer sin perder el respeto por las personas, por el producto y por el mercado.
El CEO de Dreamlove reflexiona sobre liderazgo, innovación y responsabilidad empresarial, abordando los retos de la expansión internacional desde una mirada honesta y pragmática. Un diálogo que revela cómo, desde Andalucía, es posible construir un proyecto ambicioso, competitivo y coherente, sin renunciar a la elegancia, la ética y la visión a largo plazo.

Su empresa ha experimentado un crecimiento excepcional en los últimos años. ¿Qué valores considera que han sido clave en la construcción de este proyecto empresarial?
Si tuviera que resumirlo en pocos conceptos, diría: trabajo constante, honestidad y visión a largo plazo. Dreamlove no nace como un proyecto brillante de un día para otro, sino como la suma de muchos años de esfuerzo, decisiones difíciles y una convicción muy clara: hacer las cosas bien, aunque sea más lento, en un sector donde competíamos con gigantes de Alemania u Holanda. La honestidad ha sido fundamental, tanto con los clientes como con el equipo y los proveedores. En un sector donde aún existen muchos prejuicios, teníamos claro que debíamos ser impecables en el cumplimiento, en la calidad y en la palabra dada. Y, por último, un valor que a veces se olvida: el respeto. Respeto al cliente final, a los profesionales del sector y, sobre todo, al trabajador, que es quien hace posible que un proyecto como Dreamlove funcione cada día.
Desde la dirección, ¿cómo combina usted la innovación con la elegancia y el respeto por un mercado en constante evolución?
Para mí, innovar no es hacer ruido, sino aportar valor real. En Dreamlove trabajamos con un producto íntimo, muy ligado a la sexualidad de las personas, y eso exige una sensibilidad especial. La innovación no puede ser agresiva ni frívola; debe ir acompañada de elegancia, pedagogía y respeto por la diversidad. Lo hacemos desarrollando productos y marcas propias con un diseño cuidado, alejados del cliché burdo que durante años ha acompañado al sector, e integrando tecnología y logística avanzada sin perder el trato humano.
Dreamlove ha logrado posicionarse internacionalmente. ¿Qué le ha enseñado este proceso sobre el liderazgo y la gestión a gran escala?
Me ha enseñado que liderar no es hacerlo todo, sino aprender a dejar hacer. Al principio estás en todo, pero cuando creces y te internacionalizas, si no delegas y no confías, te bloqueas. El liderazgo a gran escala implica confiar en el equipo y establecer sistemas claros. También aprendes a trabajar con distintas culturas empresariales. Lo que funciona en España no siempre funciona igual en Alemania, Francia o Polonia, y eso te obliga a ser flexible y a entender que no existe una única forma de hacer las cosas.

Muchos empresarios destacan la importancia de rodearse de un buen equipo. ¿Qué cualidades busca usted en las personas que conforman el suyo?
Busco tres cosas: actitud, responsabilidad y capacidad de aprender. El currículum es importante, pero lo que marca la diferencia es la actitud ante el trabajo y los problemas. Necesito personas que no solo detecten errores, sino que se impliquen en buscar soluciones.
La responsabilidad es clave: cumplir plazos, asumir errores y comunicar cuando algo no sale como estaba previsto. No quiero un equipo perfecto, sino un equipo profesional y maduro. Y, por último, la capacidad de aprender. Vivimos en un entorno cambiante y quien no está dispuesto a aprender se queda atrás muy rápido.
La expansión logística y la tecnología avanzada han sido pilares del crecimiento de su compañía. ¿De qué logros se siente especialmente orgulloso?
Me siento muy orgulloso de haber convertido un almacén en Carmona en un centro logístico capaz de dar servicio a clientes de numerosos países con eficiencia y rapidez. No se trata solo de espacio, sino de procesos, integración de sistemas, control de stock y tiempos de entrega. También destaco el desarrollo tecnológico: integraciones con plataformas de e-commerce y soluciones específicas para clientes B2B y dropshipping. Hemos invertido mucho para que el cliente profesional tenga una experiencia sencilla, aunque por detrás exista una estructura compleja. Y, sobre todo, me enorgullece haber crecido sin perder el control de la calidad ni del servicio. Crecer rápido es fácil; crecer bien es lo realmente difícil.

En un entorno competitivo, ¿qué distingue a Dreamlove y qué papel ha desempeñado su visión personal para marcar esa diferencia?
Creo que nos distingue una combinación de profesionalización, marca y coherencia. Desde el principio quise que Dreamlove fuera visto como un proveedor serio, fiable y con identidad propia. Hemos apostado por marcas propias, diseño cuidado, comunicación responsable y un servicio posventa sólido. Siempre he defendido que el sector erótico puede trabajarse con la misma seriedad que otros sectores como el cosmético, el farmacéutico o la moda. Mi papel ha sido mantener esa línea incluso cuando era más fácil optar por soluciones rápidas que no construyen reputación a largo plazo.
Su empresa tiene presencia en numerosos países. ¿Cómo vive usted la experiencia de representar una marca española en el ámbito internacional?
Es un orgullo representar una marca española fuera de nuestras fronteras, especialmente en un sector tradicionalmente liderado por empresas de otros países. Me gusta demostrar que desde Andalucía, desde Carmona, se puede liderar un proyecto competitivo a nivel europeo. También es una gran responsabilidad, porque cuando te reúnes con clientes internacionales no solo te representas a ti, sino a una forma de trabajar y a un país. Ver nuestros productos en distintos mercados es una motivación constante.


Cada sector tiene sus retos. ¿Cuál ha sido el mayor desafío al que se ha enfrentado como CEO y qué aprendió de él?
Uno de los mayores desafíos ha sido la gestión de las personas en momentos de cambio. Crecer implica tomar decisiones difíciles y asumir que no todo el mundo puede acompañarte en todas las etapas. Aprendí que el crecimiento no es solo una cuestión de números, sino también emocional. Hay que saber comunicar, actuar con respeto y asumir que no siempre se comprenderán todas las decisiones.
Muchos emprendedores admiran a quienes llevan proyectos consolidados. ¿Qué consejo ofrecería usted a quienes desean crear una empresa desde cero?
Les diría que sean muy sinceros consigo mismos. Emprender no es una imagen bonita, sino una suma de renuncias, horas y decisiones invisibles. También que cuiden las bases: contabilidad, asesoramiento legal y relaciones sanas con proveedores y clientes. Y, sobre todo, que no pierdan la esencia ni el motivo por el que empezaron.
Las tendencias cambian muy rápido. ¿Qué papel juega la intuición a la hora de anticiparse a las necesidades del mercado?
La intuición es experiencia procesada. No es una corazonada, sino el resultado de años observando el mercado, los clientes y los productos. En Dreamlove buscamos un equilibrio entre datos e intuición. Los datos explican el presente; la intuición ayuda a anticipar el futuro, siempre dentro de un marco de prudencia.
Por último, ¿qué le gustaría que la sociedad y los lectores de Revista Escaparate entendieran sobre la filosofía real que hay detrás de Dreamlove?
Que detrás de Dreamlove hay un proyecto empresarial sólido, responsable y generador de empleo desde Andalucía hacia Europa. No solo hablamos de productos, sino de un ecosistema que crea trabajo, innovación y crecimiento económico.
Nuestra filosofía es tratar la sexualidad con naturalidad, respeto y profesionalidad, alejándonos de estereotipos. Apostamos por la coherencia, el rigor y una visión a largo plazo, demostrando que desde un entorno local se puede construir una empresa internacional sin renunciar a la identidad ni a los valores.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO


















