Escritor: «Cada vez creo menos en la inspiración y más en la artesanía o el oficio de escribir»
Santiago Isla escribe como quien observa el mundo sin levantar la voz, con una curiosidad y una mirada que se detiene en los pliegues invisibles de la experiencia. Novelista y músico, su nueva obra transita los márgenes de la identidad, la amistad y la juventud contemporánea desde una escritura contenida, reflexiva y profundamente honesta. En El hombre de mi vida, Isla vuelve la vista hacia un Madrid reconocible y emocional, poblado de personajes que buscan sentido en medio de los afectos, las dudas y los silencios.
En la presentación de su libro en Sevilla, tenemos una conversación con este autor que reflexiona sobre el oficio de escribir, la delgada frontera entre lo autobiográfico y la ficción, y el aprendizaje íntimo que deja escuchar a los personajes con la misma ternura con la que se mira a las personas reales. Una entrevista que invita a pensar la literatura como un acto de preguntas, más que de respuestas, y la creación como una forma de estar atento a lo que ocurre dentro y fuera de uno mismo.
¿Quién es Santiago Isla? ¿Cómo se define a sí mismo?
Soy, ante todo, un tipo inquieto, que mira con curiosidad la vida y que intenta hacerse preguntas al respecto mediante la literatura.
¿Qué le llevó a dedicarse a la escritura, siendo también músico y trabajando en el sector audiovisual?
En realidad, ambas forman parte de un todo: la escritura. Ya sean canciones, guiones o libros.
¿Hay algún momento concreto que recuerde como su “despertar literario” o su primer impulso real por escribir?
No hay un momento como tal, pero desde muy pequeño sentía la necesidad de imitar a mis ídolos por la vía de la creación. Ese fuego lo he tenido siempre.
¿Quiénes han sido sus referentes literarios y artísticos, y cómo han influido en su obra?
Los franceses Baudelaire y Montaigne; los americanos Capote y Hemingway; y los hispanos Salinas, Vargas Llosa y Baroja. Me han influido en la manera de pensar, de entender la literatura y la frase.
En El hombre de mi vida retrata un barrio concreto de Madrid y un grupo de jóvenes. ¿Qué le motivó a centrar la historia en ese contexto social?
Es un contexto que conozco bien porque formo parte de él. Lo mismo me sucedía, entonces, con el barrio. Pero este va a ser el último libro en el que hable de gente que se parece a mí. Me aburro de mí mismo.

La novela aborda amistad, identidad y vacíos existenciales. ¿Qué buscaba transmitir sobre la juventud actual?
Nada en concreto. Yo me hago preguntas, simplemente. La juventud, con sus detalles, es tan heterogénea como cualquier otra edad. Los tiempos que le toca vivir simplemente subrayan algunos de sus desafíos.
Aunque se basa en su entorno cercano, ha dicho que es ficción. ¿Qué desafíos encuentra al equilibrar lo autobiográfico con la libertad narrativa?
Los enfados de quien se siente parcial o totalmente retratado, aunque se trate de una obra de ficción y todo lo que sucede en ella sea, efectivamente, ficticio. Ambas posturas son legítimas.
Al escribir sobre personajes con vidas y dilemas muy diferentes a los suyos, ¿cómo logra empatizar y darles una voz auténtica?
Intentando ser honesto, fiel, investigando y, a la vez, sintiéndome libre como autor.

¿Suele planear sus novelas detalladamente o deja que la historia evolucione de manera orgánica?
Es cierto que cada vez planeo más mis obras, porque cada vez creo menos en la inspiración y más en la artesanía o el oficio de escribir.
¿Qué aprendizaje personal le ha dejado escribir El hombre de mi vida?
El aprendizaje que más destaco es que a los personajes hay que tratarlos igual que a las personas: con ternura y tratando de ponerse siempre en su lugar.
¿Cómo ve la evolución de su estilo literario desde sus primeras obras hasta esta novela?
En cuanto a la evolución de mi estilo literario desde mis inicios hasta hoy, simplemente siento que tengo más herramientas. Espero que en próximos libros esta tendencia se mantenga.
Finalmente, si tuviera que describir la esencia de El hombre de mi vida en pocas palabras, ¿cuál sería?
Mi obra El hombre de mi vida lo defino como ligero y sentimental, como las cosas buenas de la vida.


TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO



















