El regreso al origen
El reciente regreso de la Hermandad de los Javieres a la Iglesia del Sagrado Corazón, en la calle Jesús del Gran Poder, ha sido uno de esos acontecimientos que Sevilla guarda en la memoria con un nudo en la garganta y una certeza: volver al origen es, también, volver a encontrarse.
Durante 49 años, la corporación del Martes Santo tuvo su casa en Omnium Sanctorum. El adiós no fue sencillo. El Hermano Mayor, Antonio Villalba Rincón, lo expresa con una imagen profundamente humana: “El traslado fue un acto maravilloso y muy emocionante. Salimos de la parroquia de Omnium Sanctorum totalmente conmovidos porque hemos estado allí 49 años; es como dejar el piso donde te has casado y has tenido a tus hijos”.

Pero la ciudad, que sabe transformar el duelo en esperanza, aguardaba en la calle Trajano. “Al acercarnos y encontrarnos con nuestra nueva feligresía, con sus estandartes, las lágrimas dejaron de ser de despedida para convertirse en lágrimas de llegada y de emoción. Fue el culmen de meses de trabajo previo”, añade.
EL TEMPLO RECUPERADO POR SUS PROPIOS HERMANOS
Las imágenes titulares fueron trasladadas en enero, pero el verdadero proceso comenzó tres meses antes, cuando les entregaron las llaves de un templo que llevaba tiempo cerrado y que acusaba humedades y desperfectos. Entonces se produjo uno de esos milagros cotidianos que sostienen la vida de las hermandades.
“Decidimos crear un grupo de WhatsApp para pedir ayuda. La respuesta fue increíble: se apuntaron 148 hermanos voluntarios y hemos tenido días de más de 60 personas trabajando simultáneamente. Gracias a esto, descubrimos que entre nuestros hermanos había pintores, carpinteros y electricistas que se volcaron en poner a punto el templo”, relata Villalba.
El Sagrado Corazón, de dimensiones espectaculares y notable valor cultural, comenzaba así a recuperar el pulso. “Al principio me parecía una iglesia algo ‘fría’ por su altar de mármol, pero desde que subimos al Cristo al altar mayor, la imagen ha llenado el espacio por completo; ya no hace falta nada más”, confiesa el Hermano Mayor.
Antonio Villalba Rincón destaca que “estar aquí significa, ante todo, volver a nuestros orígenes, ya que nuestro Cristo estuvo en la capilla del Padre Tarín hace 50 años. Además, sentimos que nuestra labor es recuperar para Sevilla dos iglesias que son auténticas joyas”.


DOS JOYAS PARA SEVILLA
Junto al Sagrado Corazón, la hermandad asume también la custodia y reapertura de la Capilla de los Luises. “Es una obra de Aníbal González, con azulejos que la hacen distinta a todo lo que hay en la ciudad. Es pequeña, acogedora y una verdadera joya que ahora podemos reabrir al público”, subraya Villalba.
Por su parte, el catedrático de Historia del Arte Andrés Luque destaca que “gracias a los Javieres, este edificio va a mantener su esplendor y va a ser una iglesia abierta a Sevilla y no una iglesia más cerrada; hay que agradecerles esa valentía”.
Luque subraya un conjunto “espléndido”, en el que sobresale la gran obra de Pedro Duque Cornejo y el modelo en yeso de la Inmaculada de Lorenzo Coullaut Valera, además del retablo Escaparate | 100
neogótico en el entorno de Adolfo López y los azulejos con pinturas de Gustavo Bacarisas. “El conjunto es de una riqueza extraordinaria, uniendo la iglesia barroca del siglo XVII de San Francisco de Paula con la proyección de la construcción de Aníbal González en la calle Trajano”, concluye.
UNA HISTORIA NACIDA EN LA POSGUERRA
El regreso tiene, además, una profunda dimensión histórica. La hermandad nació en 1945, en plena posguerra, dentro del ámbito de la Compañía de Jesús. En torno a 1940, los jesuitas impulsaban en Sevilla tres congregaciones marianas —los Luises, los Kostkas y los Javieres— bajo el manto de la Inmaculada y con el patrocinio de San Luis de Gonzaga, San Estanislao de Kostka y San Francisco Javier.
La congregación de los Javieres, dirigida espiritualmente por el padre José Luis Díez Gutiérrez-O’Neill, comenzó a fraguar la idea de constituirse en hermandad en 1945, encargando entonces las imágenes titulares. Las reglas serían aprobadas el 21 de junio de 1955 por el cardenal Bueno Monreal, fijándose la salida en la jornada del Martes Santo. La primera estación de penitencia tuvo lugar el 16 de abril de 1957, únicamente con el paso de Cristo.
Hoy, más de siete décadas después, aquella corporación nacida en la juventud trabajadora regresa a la iglesia donde comenzó su historia.
PRIMERA CUARESMA TRAS EL REGRESO
El proceso aún no ha concluido. “Estamos en plena mudanza de los enseres de priostía. Es un esfuerzo costoso en tiempo, pero es una maravilla ver cómo todo va cogiendo forma, arropado por los hermanos”, explica el Hermano Mayor.
La hermandad vive ya su primera Cuaresma en la nueva sede. Han celebrado el quinario y la función principal, y los priostes han levantado un altar que simula un Calvario con el Señor, la Virgen y San Juan.
Sevilla contempla así cómo una hermandad joven en términos históricos escribe un nuevo capítulo regresando al punto de partida. La imagen del Santísimo Cristo de las Almas llena ahora por completo el altar mayor, donde parece concentrarse una certeza: las raíces no atan, sostienen.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO DE LA HERMANDAD – MANUEL B. GÁLVEZ

















