El legado de su fe
El Porvenir amaneció distinto el día en que se conoció la noticia. Manuel Recio, Hermano Mayor de la Hermandad de la Paz, subía al cielo ejerciendo el cargo que tanto amó. Su marcha dejó un silencio hondo, provocado por quien ha sabido sembrar valores, compromiso y fe a lo largo de toda una vida.
Hermano de la corporación desde 1974, Manuel vivió su vida entre los sones del Domingo de Ramos. Durante más de treinta años fue costalero de María Santísima de la Paz y de Nuestro Padre Jesús de la Victoria. Aquella forma de servir desde abajo fue el cimiento de todo lo que vino después.


Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y miembro del Cuerpo Superior de Administradores Financieros de la Junta de Andalucía, supo conjugar su vocación profesional con una dedicación constante a la hermandad. Formó parte de las juntas presididas por Santiago Arenado como fiscal primero y mayordomo; más tarde desempeñó el cargo de teniente de Hermano Mayor entre 2020 y 2024. Finalmente, el 27 de junio de 2024, en cabildo general de elecciones, fue elegido hermano mayor. Aquella noche, quienes lo conocían bien entendieron que alcanzaba la ilusión que había guardado durante años.
También era hermano de los Estudiantes desde 1985, siempre vinculado como costalero al Cristo de la Buena Muerte. Su manera de vivir la fe tenía coherencia y hondura; encontraba en cada hermandad una expresión complementaria de una misma devoción.
Concepción Rubio, actual hermana mayor, lo recuerda con palabras que retratan al hombre antes que al cargo: “Un amigo para todos sus amigos”. Señala que llegar a ser hermano mayor fue “la ilusión de su vida”. Durante sus últimos meses, permaneció pendiente de cada detalle, cuidando la unión de la junta de gobierno y procurando que los proyectos siguieran su curso. “Murió con las botas puestas”, afirma Concepción con emoción serena.
Entre esos proyectos ocupa un lugar destacado la creación de un espacio de acción social propio, fruto de la colaboración con Cáritas y el Proyecto Lázaro. El Centro de Bienestar, que llevará su nombre, ofrecerá a personas sin hogar un lugar donde asearse para mantener la higiene. Manuel entendía la caridad como cercanía concreta, como acompañamiento paciente. Ese centro llevará el nombre de Manuel Recio y prolongará su forma de mirar a los más vulnerables.

El próximo Domingo de Ramos, su recuerdo estará presente en cada tramo de nazarenos blancos. La hermandad prepara pequeños guiños al cielo: marchas dedicadas a su memoria en la Campana y en los palcos, y su medalla de Hermano Mayor la llevará la Virgen de la Paz. “No puede ir en mejor sitio”, expresa Concepción Rubio.
Pero si hay un testimonio que desvela la dimensión más íntima de Manuel es el de sus tres hijos y su esposa. Ese testimonio habla de la “auténtica herencia”, la que se construye día a día. Manuel, su hijo mayor, recuerda cómo su padre le regaló la primera túnica y la colocaba cada Sábado de Pasión en el salón de casa con la ilusión de un niño. Evoca aquella escena lejana en la que, siendo pequeño, pedía a su madre quedarse “solo un poco más” junto a la Virgen. Desde entonces, su vida y la de sus hermanas, Gloria y Victoria, giró en torno al Señor de la Victoria y a la Virgen de la Paz.
La fe en Cristo es el mayor presente que su padre pudo dejarles. Herencia de devoción, de sacrificio compartido, de amor transmitido de generación en generación. Herencia de El Porvenir.
En los ojos de Nuestro Padre Jesús de la Victoria siempre se verá el reflejo del hermano, amigo, padre, esposo y hombre cercano, constante y entregado. Un Hermano Mayor que entendió el cargo como servicio y que supo mantener la serenidad en los momentos más duros. El próximo Domingo de Ramos, Manuel seguirá acompañando el caminar de la hermandad que tanto amó y, desde las manos de su Virgen de la Paz, donde hoy descansa, celebrará que su legado de fe sigue vivo.


TEXTO: FERNANDO COPETE

















