15 Abr, 2025 | Blog

La Virgen de las Aguas de la Hermandad del Museo, obra de Cristóbal Ramos en 1782, procesionaba desde sus orígenes a los pies del Cristo de la Expiración, en un mismo paso que recreaba la iconografía del Stabat Mater, una estampa muy común en la Sevilla del siglo XVIII, ahora perdida.

De los pies de esa cruz, clamando con su mirada al cielo y pidiendo con sus manos entrelazadas por su Hijo, pasó a ser coronada con una ráfaga de sol bajo palio y a abrir sus manos a todos sus hijos, aunque manteniendo siempre su sello: esa forma tan personal y característica de vestirla.

La tradición de vestirla ha perdurado de generación en generación, siempre en manos de personas de la Hermandad. En la actualidad, las encargadas de esta labor son Matilde Soria y María Gandul, Mati y Mari, como cariñosamente las llaman sus hermanos.

Mati lleva toda su vida vinculada a la Virgen de las Aguas. Desde los 12 años, en la corporación del Lunes Santo, comenzó con labores de costura para la Dolorosa y a “coger alfileres” mientras Paco Santos y Manolo Caballero, antiguos vestidores, la ataviaban. Su ayuda, su pasión por la costura y su dedicación a la Hermandad la llevaron a ser nombrada camarera, hasta llegar a ser hoy, junto con Mari, vestidora de la Virgen de las Aguas. Mati considera a la Virgen como una segunda madre: “No sé cómo llegué a Ella ni cómo me lo merezco, pero la
verdad es que es como si vistiera a mi madre”.


La peculiar forma de vestir a la Virgen de las Aguas es una tradición muy arraigada en El Museo y una de las estampas más sevillanas de la Semana Santa. Se remonta a los tiempos en que la imagen procesionaba a los pies del Cristo.

Según destaca Mati, “el carácter familiar de la Hermandad y su seriedad” son los pilares fundamentales para la conservación de este sello distintivo. Como vestidora, da gran importancia a mantener esta tradición, incluso Paco Santos, en sus últimos momentos, le pidió que no se perdiera esta esencia tan característica.

Este sello también lo lleva a gala José Luis Medina del Corral, quien lo califica como “muy personal y suyo”. Hermano de la Hermandad desde hace más de 50 años, José Luis ha vivido intensamente la vida de la corporación desde niño. Recuerda que el manto de la Virgen era de un terciopelo azul casi verde agua y que, al desgastarse, se estrenó otro en el que no veía el color que contemplaban los ojos de su niñez.

Por este motivo, tanto él como José Víctor Rodríguez Caro, quien con los años también se hizo hermano, trabajaron para conseguir que, desde Lyon hasta Sevilla, se tiñera y trajera terciopelo para un manto con el color que la Hermandad anhelaba. Además, donaron los faldones de ese azul agua, logrando recuperar completamente la tonalidad que el palio
tenía en la década de 1960.


Victorio y Lucchino recibieron de la Fundación Machado el premio Demófilo a una “obra de arte permanente”, por haber rescatado, para el manto de la Virgen de las Aguas, el color “azul fondo de océano” que la imagen lució durante muchos años. Se trata de un manto liso que, según el historiador del arte Manuel Jesús Roldán, tiene su sentido en que, tradicionalmente, en la zona de la Plaza del Museo vivían familias de la alta sociedad sevillana que donaban distintas joyas a la Virgen, hasta el punto de que, en el siglo pasado, el manto liso se enjoyaba.


Mati destaca que, además del manto y los faldones, Victorio y Lucchino donaron a la Virgen el tul con el que procesiona cada Lunes Santo, y que cuando la contemplan juntos siempre repiten las mismas palabras: “Sigue igual”.

José Luis coincide con Mati en que Paco Santos fue un gran defensor de esta forma de vestirla y que, gracias a esta tradición, cada vez que la mira, ve en su rostro a la Virgen de su infancia, provocándole un cúmulo de emociones que le recuerdan a su familia y a aquellos años.

Desde Victorio y Lucchino hasta muchos cofrades, tanto de dentro como de fuera de Sevilla, sienten una profunda conexión con esta talla mariana. Muchos coinciden en que su devoción se forja por la aparente humanidad que transmite. Mati concluye resaltando que, para ella, la Virgen es más que una imagen: “Es una mujer que nos escucha a todos. Ella sabe lo que sus hijos queremos”.


Texto: Fernando Copete
Foto: Dani Palacios

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