Viticultor, agricultor y ganadero: “El mejor legado es demostrar que en esta vida todo se puede alcanzar con esfuerzo, trabajo y fe”
Heredero de unos valores profundamente arraigados, ha sabido convertirlos en la simiente de un proyecto que rescata la memoria de su familia y, con ella, la identidad de una tierra a la que profesa un amor inquebrantable. En la voz serena de Agustín Artillo y en una vida marcada por el compromiso conviven las raíces de dos familias estrechamente ligadas al Aljarafe. Lleva por bandera Valencina de la Concepción y Salteras, y se define como un hombre profundamente unido a su historia familiar, convencido de que el pasado solo cobra sentido cuando sirve para construir el futuro.
Para él, la familia constituye el verdadero motor de su vida. De ella nace la fuerza para preservar un legado que aspira a trascender generaciones. A lo largo de los años ha recorrido caminos muy distintos —desde cursar dos carreras universitarias hasta dirigir la histórica fábrica de cerámica Mensaque o ejercer como Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío de Triana— sin perder nunca el vínculo con el campo, ese lugar al que siempre termina regresando. Hoy, al frente de El Cercado de la Era, ha recuperado una variedad de uva prácticamente desaparecida, ha apostado por una producción ecológica y familiar y ha convertido el Aljarafe sevillano en el escenario de una reivindicación serena, pero firme, de su identidad agrícola y ganadera.

¿Cómo nace El Cercado de la Era y qué representa para usted este proyecto?
El Cercado de la Era toma su nombre de la finca de mi abuelo, en Valencina de la Concepción. Quise recuperar ese nombre porque representa nuestras raíces. Somos una empresa cien por cien familiar y ecológica y, desde el principio, tuvimos claro que todo lo que produjéramos —aceite, carne, hortalizas y, ahora, vino— debía comercializarse con nuestra propia marca, sin intermediarios. Hoy nuestros productos están presentes en algunos de los mejores restaurantes de Sevilla y mis hijos forman parte esencial del proyecto: Ignacio, veterinario, dirige el área ganadera, y Fernando, ingeniero agrónomo, se ocupa de la producción hortícola y del desarrollo de la empresa.
Como dice, sus hijos forman parte activa del proyecto. ¿Qué significa para usted convertir una tradición familiar en su propio legado?
Es la mayor recompensa. Ellos han decidido continuar este camino por convicción y eso es lo más bonito. Cada uno aporta su formación y su manera de entender el trabajo, pero compartimos la misma filosofía. Ver que incluso a mi nieto mayor ya le llama la atención la viña me hace pensar que todo el esfuerzo está mereciendo la pena.

“Nuestro vino tinto se llama Cercado del Ángel en recuerdo de María”

La recuperación de la uva Garrido Fino se ha convertido en una de sus grandes apuestas. ¿Qué importancia tiene esta variedad para la historia del Aljarafe?
Es nuestra uva ancestral. Se han encontrado restos arqueológicos de viñedos con miles de años de antigüedad, una prueba de la enorme tradición vitivinícola de esta tierra. Durante siglos estos vinos gozaron de gran prestigio, pero en 1957 la Denominación de Origen decidió priorizar la Palomino y la Garrido Fino fue quedando relegada hasta prácticamente desaparecer. Aquello supuso la ruina de muchas familias de la comarca.
Tengo muy presente el recuerdo de cómo mis tíos arrancaban las viñas cuando yo era niño para sembrar olivos. Años después, tras estudiar Enología, decidí dedicarme a recuperar esa historia: la de mi familia y la de esta tierra.
Actualmente trabajan para conseguir una Denominación de Origen para los vinos del Aljarafe. ¿Qué supondría ese reconocimiento?
Sería un paso muy importante para recuperar el prestigio que esta tierra tuvo durante siglos. El Aljarafe posee unas condiciones únicas para el cultivo de la vid y creemos que merece tener una identidad propia. Estamos trabajando con la Consejería para hacerlo realidad porque sería una oportunidad para toda la comarca.
La gran noticia es que acaban de presentar el primer espumoso elaborado con Garrido Fino. ¿Qué representa este nuevo vino dentro de su proyecto?
Es una enorme ilusión porque demuestra que una variedad que estuvo a punto de desaparecer sigue teniendo mucho recorrido. Queremos innovar, pero siempre desde el respeto a nuestras raíces. Recuperar la uva Garrido Fino significa mirar al futuro sin olvidar de dónde venimos.
Su forma de entender la producción parece alejarse de las grandes dinámicas comerciales. ¿Qué filosofía hay detrás de sus productos?
Buscamos personalidad. Siempre digo que queremos hacer «vinazos», no «vinitos». No pretendemos elaborar un producto estándar, sino un vino que hable de su tierra. Nuestras viñas crecen sobre tierras albarizas, similares a las de Jerez, con una extraordinaria capacidad para conservar la humedad. Practicamos una viticultura muy exigente y buscamos siempre la máxima calidad.
La misma filosofía la aplicamos a la ganadería. Trabajamos con razas autóctonas criadas en libertad, alimentadas exclusivamente con pastos ecológicos y respetando sus tiempos naturales de crecimiento.


La venta directa es otra de las señas de identidad de El Cercado de la Era. ¿Por qué decidió apostar por ese modelo?
Porque nos permite controlar todo el proceso y ofrecer un producto honesto. No queremos depender de intermediarios que únicamente buscan volumen de venta. Preferimos mantener una relación directa con quienes consumen nuestros productos y garantizar la calidad desde el origen hasta la mesa.
Antes de dedicarse plenamente al campo dirigió durante catorce años la histórica fábrica de cerámica Mensaque. ¿Qué supuso para usted aquella etapa?
Mi mujer es bisnieta del fundador y tuve la responsabilidad de dirigir la fábrica durante catorce años. Fue una etapa muy intensa en la que realizamos piezas históricas utilizando técnicas artesanales extraordinarias. El cierre fue muy doloroso, pero todo aquello me enseñó a afrontar las dificultades y a valorar mucho más lo que hago hoy.
Con cuarenta y seis años decidió volver a la universidad para estudiar Enología. ¿Qué le impulsó a dar ese paso?
Fue probablemente el mayor reto de mi vida. Atravesaba el momento más duro de mi vida tras el fallecimiento de mi hija María, pocos días antes de cumplir los dieciocho años. Ese mismo año decidí estudiar Enología en la Universidad de Cádiz. Durante dos años trabajaba por las mañanas y cada tarde viajaba hasta Cádiz para asistir a clase, regresando a Sevilla por la noche. Después de veinticinco años sin estudiar fue un esfuerzo enorme, pero también una experiencia maravillosa. Nuestro vino tinto se llama Cercado del Ángel en recuerdo de María.
La fe y la Hermandad del Rocío de Triana ocupan un lugar muy importante en su vida. ¿Qué significado tienen para usted?
Ser Hermano Mayor de Triana fue uno de los mayores honores que he recibido, junto a mi familia. Llevo haciendo el Camino prácticamente toda mi vida y siempre he entendido la Hermandad como una escuela de valores. La familia, la fe y el compromiso con los demás forman parte de nuestra forma de vivir.
Los caballos han estado presentes en su vida desde la infancia. Más allá de la afición.
Los caballos forman parte de mi vida desde que era un niño. En mi familia siempre han estado muy ligados al campo y también al Rocío. Para mí no son solo un medio de trabajo o una afición, sino una forma de entender la vida y de mantener viva una tradición que he heredado de mis padres y mis abuelos. Llevo haciendo el Camino a caballo desde 1975 y espero seguir haciéndolo mientras tenga fuerzas.
Cuando habla del Aljarafe lo hace con un profundo sentimiento de pertenencia. ¿Qué representa esta tierra para usted?
Lo representa todo. Aquí están mis raíces, mi familia y la historia de quienes trabajaron estas tierras antes que nosotros. Todo lo que hacemos nace del respeto a ese legado. Siempre digo que seguiré trabajando mientras tenga fuerzas porque quiero seguir aportando algo al Aljarafe de mi alma.
Después de todo lo vivido, ¿qué legado le gustaría dejar a las próximas generaciones?
El mejor legado consiste en demostrar que en esta vida todo se puede alcanzar con esfuerzo, trabajo y fe. Ese es el mensaje que quiero transmitir a mis hijos y a mis nietos. Mi mayor ilusión es ver cómo ellos continúan haciendo crecer este sueño y mantienen vivo el compromiso con la tierra que hemos heredado.

TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO

















