Artista: “Mi mayor alegría es ver que a la gente le entusiasma mi trabajo”
Miguel Caiceo nos recibe en la Casa Fabiola, donde celebra medio centenar de exposiciones con la misma emoción del primer día. Cómico y pintor por vocación, su obra nace del impulso, del color y de una necesidad íntima de belleza frente a un mundo convulso. Bajo el nombre Miguel Caiceo: Pintura y coleccionismo, en esta exposición número 50 se da la mano a su faceta de pintor y de coleccionista, mostrando su obra más reciente junto a piezas pertenecientes a su colección privada.
La exposición, que permanecerá abierta hasta marzo, es el retrato sincero de un creador libre, atípico y profundamente comprometido con su tiempo y con su tierra. En diálogo con su propia colección y con el espacio que la acoge, Caiceo reflexiona sobre su creatividad, la pintura y su magia, el arte contemporáneo en Sevilla y la ilusión como motor vital. Una conversación honesta con un artista que sigue pintando cada día como si fuera el primero.

Esta exposición es una definición pictórica suya, pero usted, a sí mismo, ¿cómo se define como artista?
Creo que no tengo definición, porque no estoy en ninguna escuela ni sigo ninguna moda. Soy una persona muy atípica para todo, también como actor y como pintor. Yo hago lo que siento. Me pongo a trabajar y lo que siento en ese momento es lo que hago. Intento que en cada cuadro haya belleza, inquietud y color y, por eso, juego con el color y con esa magia para intentar crear belleza.
¿Cómo ha llegado hasta esta exposición, que es ya la número 50?
Hace ya unos años me dije: “tengo que pintar, porque tengo una asignatura pendiente”. Las dos cosas que más éxito me han dado en la vida no me atrevía a hacerlas: ni ser cómico ni pintar. Cumplí 60 años y ese día me dije: “tengo que empezar ya, que se me acaban los tiempos”. Fui a una tienda y delante de mí había un chaval. Yo no tenía ni idea de lo que había que comprar, así que cuando él pidió, yo dije: “quiero lo mismo que él, tres carbones y una goma de chicle”. Empecé a pintar e hice la primera exposición en Triana. Ahora, el día que no pinto es un día que he perdido. Todos los días le dedico tres o cuatro horas a la pintura.
En esta sala, lo primero que atrae la mirada es la vitrina central, una representación de su mundo. ¿Cómo es ese mundo?
El estudio de un artista son cosas muy personales: tus pinceles, un sacapuntas, unos colores… Yo utilizo colores muy primarios. En esa vitrina he puesto la síntesis: el papel, una tijera, mis gafas, etc. Para mí, la pintura es todo ese mundo que tienes en la cabeza, pero luego el cuadro manda, pide y vive. No admite un color o exige otra proporción. Es como en mi trabajo de actor: tú estudias algo, pero luego, cuando sales al escenario, pasa algo que está por encima de uno, la magia.

¿Y cómo es su relación con un lienzo en blanco?
Es un diálogo. Tienes que ser atrevido. Hay días que no te apetece nada; si se ha muerto un amigo o hay una catástrofe, se te nubla el alma y ese día no puedes pintar. Pero muchos días me levanto sin saber qué voy a hacer y la inspiración llega trabajando. Lo más bonito es cuando comparto la exposición y veo cómo la gente disfruta, compra mi obra y se emociona. Eso me da fuerza para seguir adelante.
¿En qué se inspira y cuáles son sus referentes?
La inspiración es algo muy raro. A lo mejor vas a tomar un café y pasa una mujer con un abrigo, y ese color es el que necesitabas. Me inspira el mundo clásico: Grecia, Roma y el Barroco. Mis referentes son las primeras vanguardias españolas. El arte es que te llegue el pellizco al alma.
Cuéntenos sobre las diferentes obras y estilos que podemos ver en esta muestra.
Como pintor soy muy atípico porque hago muchas cosas distintas; si no, me aburriría. Tengo una colección que se llama Carbón y goma, luego los collages y después la abstracción. La abstracción la cultivo mucho porque me parece de lo más difícil: que algo abstracto emocione, que solo los colores vivan, luchen y triunfen, para mí es un logro.

Algunas críticas le han nombrado como el “maestro del collage”. ¿Qué nos puede decir de esa técnica?
Estoy muy al tanto del arte contemporáneo y hoy se hace un arte muy vanguardista, muy de nuestra época. En mi tierra, ¿por qué vamos a sujetarnos a unos cánones? Yo voy por otros derroteros. Me gusta que el collage se mueva, que tenga vida, que parpadee. Tengo una serie que llamo Sueños, porque los sueños son cosas inconclusas que tenemos en la cabeza. También uso marcos antiguos a los que les doy una nueva utilidad; eso también es un mensaje en mi obra.
En la exposición encontramos, además de sus obras, parte de su colección particular. Hablemos de su faceta como coleccionista.
De chico, mi padre me daba dinero para chuches y yo me iba al Jueves a comprar cajitas de cerillas o postales. Luego, en Madrid, descubrí el Rastro y eso ya fue la locura. Tengo colecciones de cerámica, pintura antigua, contemporánea y costumbrismo andaluz. He ido comprando lo que he podido.

¿Cómo ve el mundo del arte actual y a Sevilla dentro de ese contexto?
Sevilla ha cambiado mucho. Muchas hermandades han apostado por un arte contemporáneo y distinto, y eso es un avance, porque no se puede repetir lo que ya se hizo. Ni Velázquez, ni Goya ni Caravaggio pintarían hoy como pintaron en su tiempo. En Sevilla hay pintores maravillosos, pero al sevillano y al andaluz le queda un complejo de inferioridad: creer que lo de fuera es siempre mejor. Ese complejo hay que quitárselo; aquí hay artistas de nivel internacional.
¿Por qué es importante que el público venga a conocer esta exposición?
Es mi exposición número 50, llevo 15 años pintando sin parar y para mí esto es una profesión. Soy actor y pintor. Poner a dialogar mi humilde colección con las obras de Casa Fabiola, en mi tierra, ha sido un privilegio que quiero compartir con mis paisanos.
¿Con qué sueña Miguel Caiceo?
Sueño con seguir luchando y pintando todos los días. Que Dios me dé las manos y la cabeza para seguir creando y haciendo teatro. Yo le digo al Gran Poder: “no me quites esta ilusión que tengo por la vida y por mi trabajo”. Sigo activo y mi mayor alegría es ver que a la gente le entusiasma mi trabajo.

TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO


















