Influencer: “Me emociona sentirme querida, aquí abajo y también allí arriba”
Entre la herencia de un nombre ampliamente reconocido en la escena social y cultural sevillana y la voluntad firme de construir un camino propio, Claudia Ula nos cautiva con una naturalidad serena y consciente. Hija de Raquel Revuelta, Claudia ha crecido rodeada de creatividad, disciplina y sentido estético. Sin embargo, lejos de acomodarse en ese legado, ha optado por habitarlo desde la reflexión, incorporando nuevas miradas y adaptándolo a una generación que entiende la comunicación desde códigos distintos.
Formada en Derecho y ADE, pero guiada finalmente por la intuición hacia el universo de la comunicación, su trayectoria dibuja el perfil de una mujer en proceso de afirmación: consciente de sus raíces, pero abierta a la transformación. Su paso por entornos internacionales y su experiencia en grandes grupos editoriales han reforzado una identidad que se mueve entre lo clásico y lo contemporáneo, entre la discreción y la exposición medida. En esta conversación con Escaparate, Claudia Ula se muestra tal como es: cercana, positiva, creativa y en constante evolución y aprendizaje.

¿Cómo definiría usted el momento que está viviendo, entre la herencia familiar y la construcción de su propia identidad?
Siempre he sido una persona que, aunque no me he sentido del todo cómoda en el cambio, lo he buscado. Supongo que por ese afán de superarme, de ser mejor y de no conformarme nunca. Sin embargo, el momento vital en el que estoy ahora —que solo podría definir con la palabra “cambios”— no siento que lo haya buscado. Ha venido solo, y yo me estoy adaptando. Me siento cómoda conmigo misma. Me gusta reconocer a mi padre y a mi madre en mis gestos, en mis palabras o en mi forma de actuar, pero también me encanta saber que hay rasgos en mi personalidad que me diferencian de ellos y me hacen sentir muy yo. Me motiva saber que puedo mejorar en muchas cosas, pero me gusta la mujer en la que me estoy convirtiendo.
¿Qué valores considera que han marcado su forma de entender la vida, especialmente al crecer en el entorno de una figura como su madre, Raquel Revuelta?
Creo que mi madre siempre ha predicado con el ejemplo. Hemos crecido en un entorno muy familiar, con la familia en el centro y el valor de estar unidos. El hablar de todo sin tabúes, pero siempre desde el respeto; el esfuerzo y el trabajo; el saber que también hay que buscar momentos para disfrutar y dar la importancia justa a las cosas. Entender que no es tan importante el fin como el camino, y que la actitud con la que afrontamos lo que nos ocurre es lo que realmente marca la diferencia. Para mí es un honor tener una madre tan fuerte, tan humilde y tan ejemplar.

¿Siente que Sevilla condiciona, inspira o acompaña su manera de ver el mundo y proyectarse hacia el futuro?
Me siento muy cerca y muy orgullosa de mi ciudad. He vivido temporadas en distintos países y ciudades durante casi diez años, y mi mote en todos ellos siempre ha sido “la sevillana”. Soy muy abanderada de Sevilla: me emociona y me siento súper afortunada de las raíces que tengo. Me acompaña en mi personalidad, en mi trabajo y en mis sueños futuros, como el de construir una familia aquí. Siento mucho arraigo, y me encanta llevar nuestras costumbres, nuestra forma de ser y nuestra alegría a otras partes del mundo.
¿Cómo vive usted su crecimiento en redes sociales?
Lo vivo con ilusión, pero también desde la calma. No me dedico exclusivamente a ellas, aunque llevan años formando parte de mi vida. Ver cómo voy creciendo poco a poco y cómo llegan oportunidades tan bonitas e interesantes me motiva muchísimo. Intento, eso sí, que no ocupe demasiado espacio en mi cabeza, mantener una relación sana con las redes. Hay picos de crecimiento, y no quiero que mi felicidad dependa de si estoy o no en uno de ellos.
¿Qué papel juega la discreción en una generación que parece compartirlo todo en redes sociales?
Creo que cada persona decide hasta dónde quiere compartir. Hay quienes son más celosos de su intimidad y otros que prefieren mostrar más. A mí me parece estupenda esa libertad, siempre que no se utilice para faltar al respeto o hacer daño. En mi caso, no muestro todo lo que ocurre en mi vida ni en mi día a día. Tengo mis límites, pero aun así siento que he encontrado un equilibrio con el que puedo transmitir quién soy y lo que me rodea.
¿Qué le interesa especialmente del mundo de la moda y la comunicación, tan presente en su entorno?
Cuando terminé Derecho y ADE y, después de algunas prácticas, me di cuenta de que no quería dedicarme ni al Derecho ni a ADE. Luego hice prácticas en el Grupo Condé Nast, en Comunicación, organizando eventos para revistas como Vogue, GQ o Vanity Fair, y ahí pensé: “wow, trabajar puede ser muy guay si encuentras tu pasión”. Desde entonces, mi camino ha ido por la Comunicación y el Marketing, y solo puedo decir que me apasiona. Y si encima, como ahora, lo aplico al mundo de la moda… ya es increíble. Soy feliz, me divierte lo que hago: ayudar a hacer crecer marcas, contar historias, crear eventos con sentido… me encanta.

¿Qué cree que puede aportar al legado de su madre como impulsora de SIMOF y de la Agencia Doble ERRE?
Partiendo de que el recorrido de mi madre es imposible de replicar, trabajar ahora con ella me ha hecho valorarlo aún más. Todo el esfuerzo que hay detrás de proyectos como SIMOF.
o la Agencia Doble Erre es enorme. Yo intento implicarme al máximo y dar lo mejor de mí, aportando también mi experiencia trabajando en multinacionales y agencias de comunicación. Quizás puedo sumar frescura y otra forma de hacer las cosas. Pero, sobre todo, aportaré mi determinación, mi actitud y mis ganas de seguir construyendo cosas bonitas a partir de lo que ella ha creado.
¿En qué medida le gustaría diferenciarse del camino ya recorrido por ella?
No siento que sea necesario diferenciarme, pero sí evolucionar. La situación ha cambiado, las herramientas y la sociedad también, y tenemos que adaptarnos al momento actual y aprovechar al máximo los recursos que tenemos. Se trata de seguir haciendo crecer y evolucionar nuestros proyectos.
¿Cómo definiría su estilo personal, más allá de las tendencias?
Aunque consumo redes e influencers de moda, no suelo sumarme a todas las microtendencias, solo a las que realmente encajan conmigo. Con los años me he ido conociendo, y sé que hay cosas que, por mucho que se lleven, no son para mí. Mi estilo es bastante desenfadado, cómodo y un poco modernito. Me gustan las referencias masculinas, los colores neutros y las prendas especiales. Soy bastante fan de los pantalones. Y, aunque no lo parezca por redes, no compro tanta ropa… muchas veces se la robo a mi madre. Prefiero darme caprichos como escapadas o viajes en tren a Madrid para ver a Vicen, mi marido.
¿Qué referentes —personales o públicos— han influido en su manera de ser y de estar?
He tenido la suerte de estar rodeada de personas que han sido ejemplo para mí, de las que he aprendido mucho. Pero, sin duda, mis dos abuelas han sido mis grandes referentes. Mi abuela Luisa, pacífica, elegante, risueña y humilde, con un don especial para contar historias y querer a su familia. Y mi abuela Amalita, divertida, moderna y eternamente joven, probablemente la persona más carismática y fiel a sí misma que he conocido. Me encanta sentir que llevo un poco de cada una.


¿Cómo gestiona las expectativas externas que pueden surgir por su apellido?
Nunca he sentido que mis padres fuesen diferentes a los demás padres de mis amigos. Es cierto que el trabajo de mi madre la ha hecho más conocida, pero siempre lo hemos vivido con mucha naturalidad y humildad. Durante la adolescencia, en esa búsqueda de identidad, sí intentaba evitar mencionar mi apellido: quería sentir que lo que conseguía era por mí. Ahora entiendo que siempre habrá juicios y expectativas, sepan o no tu apellido. Así que intento centrarme en lo importante: estar a gusto y cómoda conmigo misma, sentirme segura, dar lo mejor de mí y seguir evolucionando.
¿Qué le emociona hoy, qué le mueve de verdad en lo cotidiano?
Me emociona mucho mi vida en general: los viajes con Vicen, las cenas de los jueves con mis amigas, correr, hacer deporte, saber que el fin de semana voy a Zahara o que estoy creciendo y teniendo nuevas oportunidades en el trabajo. Me emociona sentirme querida, aquí abajo y también allí arriba, y tener a tanta gente a la que querer.
¿Cómo imagina su vida dentro de diez años?
No sé ni cómo imaginarla mañana, así que en diez años… menos aún. Pero me encantaría recorrer el mundo entero con Vicen, que toda mi familia y mis amigos sigan con salud y, ojalá, con algún o algunos niños correteando por ahí.
¿Con qué sueña Claudia Ula?
Sueño con muchas cosas, muchísimas. Pero, por encima de todo, con que los míos estén bien durante toda mi vida. Mucha salud, que es lo importante.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: PALOMA GONZÁLEZ REY Y APOLO CONTRERAS



















