Ganadero: “El comportamiento del toro es la clave para el triunfo del torero y el disfrute del público”
El ganadero Gabriel Rojas nos recibe en su ganadería ejerciendo como anfitrión y heredero de una tradición profundamente arraigada en la historia taurina andaluza. Su trayectoria, marcada por el respeto al legado recibido y la valentía de adaptarse a los nuevos tiempos, dibuja el retrato de un ganadero que entiende la bravura como un equilibrio delicado entre memoria y evolución.
Más allá de la dehesa, su compromiso con las raíces se extiende también al ámbito personal y espiritual, estrechamente ligado a la Hermandad del Rocío de Sevilla, de la que fue Hermano Mayor. En esta entrevista, Rojas nos habla sereno y firme sobre el presente y el futuro del mundo del toro, en una conversación donde tradición, identidad y responsabilidad se entrelazan con naturalidad.

¿Cómo nace la ganadería Gabriel Rojas? Hábleme un poco de su historia.
En 1968 mi tío, Gabriel Rojas Fernández, funda la ganadería de Gabriel Rojas con ganado de Concha y Sierra procedente de la ganadería “La Alegría”, propiedad de Juan de Dios Pareja Obregón. En 1971 elimina todo lo procedente de Concha y Sierra y compra el lote que D. Carlos Núñez Manso legó a su viuda Raimunda Moreno de Guerra. Desde entonces hasta hace cuatro años, toda la ganadería procedía del encaste Núñez.
¿Cómo describiría usted el momento actual que vive su ganadería dentro del panorama taurino?
El encaste Núñez era el preferido por los toreros y el público en la segunda década del siglo pasado, pero en los años 90 evolucionó el interés del público hacia unos toros más grandes, con más caja y otro tipo de trapío. Esto hizo que las ganaderías de encaste Núñez, cuya morfología era la de toros bajos y con menos envergadura, se fueran reduciendo drásticamente.
Por ello, dicho encaste tiene actualmente dos problemas: no es el más apreciado por toreros y aficionados y, al ser tan reducido el número de cabezas, supone una dificultad para los ganaderos regenerar la sangre con otro ganado del mismo encaste.
Por ello, hace varios años tomamos la decisión de ir cambiando nuestra ganadería hacia el encaste Domecq, habiendo adquirido vacas y sementales a las ganaderías de “El Parralejo” y “Fuenteymbro”, ganaderías punteras en este momento en el campo bravo.

¿Qué significa para usted criar el toro bravo en un tiempo donde las tradiciones dialogan constantemente con la modernidad?
Pues está claro que el toro bravo y el mundo taurino, dentro de su tradición, se tiene que adaptar a los nuevos tiempos. Eso es bueno y necesario, y se está haciendo. Se adapta el ganado, los toreros, la normativa, el márquetin, los públicos. Nadie puede vivir de espaldas al avance de los tiempos.
¿Qué recuerdos o enseñanzas de su tío marcaron su manera de entender el campo y la bravura?
Mi tío fue un gran hombre: inteligente, trabajador, serio, sencillo, honesto y generoso. Amó profundamente su tierra, Sevilla, Andalucía y sus tradiciones. Además de ganadero, fue un gran aficionado a los caballos y los enganches; cofrade, perteneció a la junta de gobierno de la Hermandad de la Macarena; rociero, Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío de Sevilla, presidente del Sevilla Fútbol Club, Rey Mago, etc. A mí me alimenta su memoria y trato de guardar su legado, pero es muy difícil poder llegar a su altura.
¿Qué cualidades considera imprescindibles para que un toro emocione en la plaza?
El toro, para emocionar, debe ser bello, armonioso, con trapío, movilidad, fijeza, nobleza, profundidad y transmisión. Estas son las cualidades que hacen que un toro emocione en la plaza.



¿Cómo vive usted el momento en que uno de sus toros pisa el ruedo?
Lo llevo fatal. Es una gran responsabilidad, ya que aunque lo hayamos seleccionado por su morfología y por su reata, siempre es una incógnita y, al final, el comportamiento del toro es la clave para el triunfo del torero y el disfrute del público.
¿Cómo afronta usted los desafíos actuales del sector, tanto económicos como culturales?
Pues con confianza, con ilusión; por eso me he embarcado en una renovación y un nuevo impulso de la ganadería.
Hace diez o doce años el panorama taurino era bastante oscuro: la juventud se alejaba del mundo del toro, se prohibía en Cataluña, muchas plazas de toros dejaban de funcionar, había protestas y movimientos antitaurinos basados en un falso animalismo con un fuerte rasgo ideológico y, sobre todo, político. Pero desde que estas fuerzas ideológicas y políticas llegaron al poder, todo ha cambiado.
Cuando desde el poder empezaron a criticar, prohibir, limitar y poner cortapisas, se ha producido una auténtica revolución.
Se ha incrementado ostensiblemente el número de aficionados, la juventud está acudiendo en masa a las plazas, cada vez se retransmiten más festejos taurinos con récord de Escaparate | 41
share. Se reabren plazas de toros, las escuelas taurinas se abarrotan de chavales, las universidades crean seminarios y aulas taurinas, se editan y se venden más libros de toros que nunca. En definitiva, una auténtica revolución social y cultural. Y todo esto va a más: hay un futuro muy esperanzador para la fiesta de los toros que no lo había hace diez o doce años.


¿Qué lugar ocupa la tradición familiar en su forma de entender la ganadería?
La concepción de la familia es fundamental en la tradición ganadera. Yo soy ganadero porque recibí el legado de mi tío. Mi familia disfruta de la ganadería, que hace a su vez de nexo de unión. Y mi ilusión y mi fuerza para seguir es porque sé que mi hijo es muy aficionado y va a continuar en el futuro con la ganadería.
¿Qué le gustaría que perdurara de su legado dentro del mundo del toro?
Pues eso: que he querido y sabido mantener el legado de mi tío, que lo he ido adaptando a los momentos y a los cambios de los tiempos, y que, en la medida de lo posible, he intentado mantener el nombre y el prestigio del legado que he recibido.
¿Cuál es su vínculo personal y familiar con la Hermandad del Rocío de Sevilla y cómo se fraguó su camino hasta llegar a ser hermano mayor?
Mi relación con la hermandad es muy profunda y viene desde mi infancia, ya que mi padre, mis abuelos y mi tío, Gabriel Rojas —uno de los fundadores—, fueron rocieros y ocuparon cargos de responsabilidad. Esta vinculación se reforzó aún más al conocer en la hermandad a mi mujer, hija de otro antiguo Escaparate | 42
hermano mayor, lo que hizo que sintiera que ostentar ese cargo era, en cierto modo, un destino natural que tenía claro desde niño. Finalmente, asumí el cargo en lo que consideré el momento adecuado y lo ejercí durante seis años, después de que los hermanos me animaran a continuar un segundo mandato para poder completar los proyectos tras el parón de la pandemia. º º


¿Qué hitos y desafíos marcaron sus seis años de gestión y qué legado considera que deja en la institución?
Mi mandato estuvo marcado por el reto inédito de gestionar la hermandad durante la pandemia, lo que supuso dos años sin romería y un fuerte enfoque en las obras de caridad. Entre los logros más destacados bajo mi dirección se encuentran la celebración del centenario de la llegada de la Virgen del Rocío al Salvador y el 50 aniversario del coro, además de cambios estructurales históricos como adelantar la salida al miércoles y la adquisición de una casa de hermandad en propiedad. El balance final es de satisfacción total, no solo por haber cumplido los objetivos materiales, sino también por el valor espiritual de haber estrechado los lazos de amistad con los hermanos de la corporación.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO



















