9 May, 2023 | callejuelas

En 1973, la ciudad se trasladó al otro lado del Guadalquivir para dar aire a una celebración a la que se le quedó pequeño el Prado de San Sebastián. Un lugar que abría la Feria de Abril a una nueva dimensión, muy parecida a la que hoy conocemos.
El barrio de Los Remedios le abrió los brazos a la Feria de Sevilla por primera vez el 30 de abril de 1973. Aquel año, dos hitos importantes se produjeron en esta celebración:

Pero este viaje comienza más de un siglo antes: el 18 de abril de 1847, se inauguraba por primera vez, de manera oficial, la Feria en el Prado de San Sebastián: su primer emplazamiento hasta 1972 que contó en aquel arranque 19 casetas.

LOS INICIOS

Todo comenzó como una feria ganadera. Dos concejales de fuera de Sevilla, el regidor y primer conde de Ybarra, José María Ybarra (nacido en Bilbao) y Narciso Bonaplata (de Barcelona) decidieron poner en marcha una feria de compraventa del ganado. El objetivo era facilitar a los agricultores sevillanos la adquisición de ganado para las faenas agrícolas sin que tuvieran que desplazarse a las ferias de otros lugares.Tal y como señala José María de Mena en su libro «Historia de Sevilla» (Ed. Plaza&Janes), «gracias a los buenos oficios del diputado Don Fermín de la Puente y Apechea, amigo de Ybarra, se consiguió que la reina Isabel II ordenase su dictamen y firmase su aprobación». El historiador también señala que «hubo una fuerte oposición por parte de las ciudades que tenían ferias y que se consideraban perjudicadas, principalmente Carmona y Mairena», pero finalmente pudo celebrarse por primera vez en 1847. «La concurrencia de forasteros el primer año no bajó de 25.000 personas y dejaron en Sevilla 400.000 duros, una fabulosa cifra para la época», asevera Mena.

Como lugar se le asignó el Prado de San Sebastián. «Concretamente en una explanada abandonada donde nadie quería edificar por ser el lugar más lúgubre de Sevilla, concepto que luego cambio por completo. El rechazo inicial era porque allí se ubicaron dos cementerios: el de San Sebastián y el de Los Pobres, y por otro lado, también había estado el quemadero de la Santa Inquisición, lugar en el que perecieron muchos sevillanos. Señalan los cronistas de la época que al principio el público se resistió a acudir a tan tétrico lugar pero que en poco tiempo la Feria fue un éxito . Los vendedores de ganado, para resguardarse del sol, construyeron tiendas de campaña de lona, que pasados unos años vinieron a llamarse «casetas», como las conocemos hoy en día. Y las calles originarias también tenían nombres de torero, de hecho, el Real de entonces ya contaba con vías denominadas «Joselito el Gallo» y «Juan Belmonte», nomenclaturas que siempre han existido», como comenta Liñán.

La Feria se trasladó a Los Remedios y se celebró en el mes de mayo, entre los días 1 y el 6. Aquella Feria se inauguró por la noche, “para que siguiera la tradición de ser la «Feria de Abril» propiamente dicha, y comenzó a las 21:00 horas con lo que hubiera sido hoy en día «la noche del Pescaíto», como señala la periodista Laura Liñán en ABC de Sevilla en un reportaje por estas bodas de Oro.

EL CAMBIO A LOS REMEDIOS

Como comenta Liñán en ABC, «el fin para el que fue creada la Feria de Abril se fue modificando con los años. Pasado un tiempo la cita ganadera fue evolucionando a fiesta de índole social. Parece ser que ya entonces empezó a primar aquello de «a la Feria se va a ver a ser visto». La curiosidad por la famosa celebración animó a las señoritas sevillanas a acudir al Real en coches de caballos. La Feria pasó de ser un simple mercado de reses a convertirse en una distracción, y las casetas un lugar de encuentro para invitar a las amistades, cantar y bailar. En esta tónica, el Prado de San Sebastián se quedó pequeño y se pensó en Los Remedios para el nuevo emplazamiento». Una estética que impulsaría la Feria fuera de nuestras fronteras y un lugar de encuentro de familiares y amigos. En definitiva, un fenómeno social sin parangón.

El terreno actual de Los Remedios es mucho más amplio que el del Prado de San Sebastián. El desarrollo natural de la ciudad y del propio festejo provocaron la necesidad de cambio. «Aquella Feria íntima sólo queda en el recuerdo de algunos sevillanos. De cualquier forma, pasan los años y la Feria parece cada vez querer más y aunque en cada edición acoge un millar de casetas, este número está limitado desde hace tiempo ante la imposibilidad de instalar más», asevera Liñán.

Pero aquella mudanza «no fue sencilla y los debates en torno al tema ocuparon foros, plenos y columnas durante años hasta que el entonces alcalde de la capital hispalense, Juan Fernández Rodríguez y García del Busto, consiguió efectuar el traslado a los terrenos de Los Remedios», recuerda la periodista Cristina Cueto en un reportaje por el cincuentenario en las páginas de Diario de Sevilla. «Según la documentación encontrada en los Archivos Municipales, «el cambio de lugar lo había determinado la misma Feria, en vista de la imposibilidad que suponía el seguir celebrándola en el mismo lugar». Lo que comenzó como un mercado de ganado a mitad del siglo XIX para celebrar acuerdos comerciales con una copa de vino, lo que hoy sería una comida de negocios, pronto acabo teniendo un cariz social con enorme peso. De hecho, esta vertiente festiva es la única después de siglo y medio».

En este reportaje de Cueto, se señala que «cuando la portada se ubicaba en el cruce entre la calle San Fernando y la avenida Carlos V, las casetas eran unifamiliares y los sevillanos trasladaban sus casas allí en un sentido metafórico. Pero de esta cuestión, todavía se conserva la tradición de engalanar las casetas con fotografías, espejos y cortinas bordadas». «Era una forma de remachar el prestigio social y además otorgaba la posibilidad de invitar. Este principio de reciprocidad, que todavía se conserva, era posible únicamente en determinados círculos de élite», explica Isidoro Moreno, catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla, a la propia Cueto

EL NUEVO BARRIO Y LA INAUGURACIÓN DE LA NUEVA FERIA

a construcción de Los Remedios se inició en 1937, en plena Guerra Civil, con Ramón de Carranza como alcalde. Antes, en 1927, el arquitecto García Mercadal proyectó un barrio con gran paseo arbolado en el centro como pulmón verde y calles amplias a los lados. «Más tarde éste se tildó de «disparate urbanístico», así que se adaptó a la filosofía urbanística y al tráfico rodado de la época. De este modo, Los Remedios se construyeron sobre los terrenos de las huertas del antiguo convento que llevaba el mismo nombre, de la Huerta del Níspero, del Cortijo de la Tía Pepa y de la Hacienda del Diablo. El nuevo proyecto dio lugar a un barrio cuyo plano lo forman un entramado de calles, la mayoría con nombres de vírgenes, que parten de Plaza de Cuba y la avenida República Argentina de manera perpendicular», comenta Liñán en el diario de las tres letras.
La inauguración fue realizada por el alcalde Juan Fernández a las nueve de la noche del 30 de abril , para «vivir unas horas abrileñas», publicó ABC. Ese 30 de abril trajo la lluvia a Sevilla, que aguó en la visita de la reina Doña Sofía, por entonces princesa.

Como apunta Liñán: «El cambio de ubicación propició pasar de medio centenar de casetas a 630, ocupando un total de 64.000 metros cuadrados . En la actualidad, el terreno ha sido ampliado hasta los 275.000 metros cuadrados y alberga más de mil casetas. Personajes de la farándula, reyes, políticos y demás personalidades han visitado a lo largo de su historia el Real de la Feria atraídos por su estética y la alegría que la caracteriza. En los últimos años, se ha convertido en un auténtico reclamo para el turista». Ahora, 50 años después, vuelve a salir a la palestra el debate del espacio de una fiesta que crece a pasos agigantados y que ha vuelto a quedarse pequeña de espacio.

Texto: Javier Comas
Fotos: Archivo ABC

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