La crónica del 40 aniversario
La noche sevillana avanzaba lentamente sobre el Real Alcázar mientras el sonido de los metales de Maestro Tejera devolvía a la memoria algunas de las tardes más intensas de la Maestranza. Había algo profundamente simbólico en aquel ambiente: Sevilla celebraba los cuarenta años de los Premios Taurinos Puerta del Príncipe mirando al pasado con emoción y reivindicando, al mismo tiempo, la vigencia de una tradición que sigue formando parte esencial de la identidad cultural de la ciudad.
Porque hablar de estos galardones supone hablar también de la historia reciente de Sevilla. De sus primaveras, de sus grandes faenas, de generaciones enteras que han aprendido a medir el tiempo por las tardes de Feria y por los nombres que alguna vez lograron cruzar la Puerta del Príncipe entre el clamor de los tendidos.

La celebración del XL aniversario de los premios impulsados por El Corte Inglés reunió precisamente esa dimensión sentimental y patrimonial que los ha convertido, con el paso de las décadas, en una referencia imprescindible dentro del calendario taurino sevillano. Lo que nació en 1986 como una iniciativa para reconocer a los triunfadores de la Feria terminó construyendo un auténtico archivo emocional de la tauromaquia contemporánea.
El nacimiento de los galardones coincidió con la irrupción arrolladora de Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, figura decisiva en la renovación del toreo andaluz durante los años ochenta y primer gran referente asociado a los Premios Puerta del
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: EL CORTE INGLÉSEscaparate | 21
Príncipe. Aquella Sevilla comenzaba a vivir una nueva edad dorada taurina, y los premios crecieron al mismo ritmo que lo hacía el fervor popular en torno a la Maestranza.

En estos galardones conviven las faenas eternas de Curro Romero con la revolución estética de Morante de la Puebla; la entrega heroica de El Cid con las tardes históricas de José Tomás; la dimensión popular de Espartaco con la sensibilidad contemporánea de Pablo Aguado.
La gala de este cuarenta aniversario quiso precisamente detenerse en ese legado. Más allá del palmarés de la presente edición, el acto estuvo concebido como un homenaje a todos los toreros que han conseguido abrir la Puerta del Príncipe a lo largo de estas décadas, una distinción que representa en Sevilla algo cercano a la consagración definitiva. Cruzar esa puerta supone formar parte de un territorio reservado para quienes logran conmover a la Maestranza desde la verdad y el arte.
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con el reconocimiento a Curro Romero. La presencia del Faraón de Camas concentró gran parte de la emoción de la gala. Pocas figuras sintetizan de manera tan perfecta la relación íntima entre Sevilla y la tauromaquia. Curro representa una manera de entender el toreo desde la inspiración, la belleza y el misterio; también una forma profundamente sevillana de convertir una faena en un estado de ánimo colectivo.


La figura de Espartaco ocupó igualmente un lugar central dentro de la celebración. El vínculo entre el torero de Espartinas y estos premios resulta inseparable. Su irrupción en los años ochenta transformó la dimensión popular del toreo y consolidó una conexión masiva entre Sevilla y la Maestranza.
David de Miranda recogió en esta edición el Trofeo Juan Antonio Ruiz Espartaco como Triunfador de la Feria, consolidando el extraordinario momento que atraviesa el torero onubense tras una temporada marcada por la autenticidad y la firmeza. Su nombre se suma así a una nómina de triunfadores que dibuja buena parte de la evolución reciente del toreo sevillano.
Morante de la Puebla volvió a hacer historia durante la pasada Feria en la Maestranza. El diestro cigarrero recibió el Trofeo Vicente Zabala a la Mejor Faena y el Trofeo Curro Romero al Mejor Toreo de Capote, dos galardones que reconocen una concepción estética del toreo profundamente conectada con la sensibilidad sevillana.
La relación de premiados completó además una fotografía muy representativa de la riqueza actual de la tauromaquia. Manuel Escribano fue distinguido por la Mejor Suerte de Matar; Antonio Chacón recibió el reconocimiento como Mejor Subalterno a Pie; Andy Cartagena fue premiado como Mejor Rejoneador; y la ganadería de El Parralejo obtuvo el galardón a la Mejor Ganadería del ciclo sevillano.
Resultaba imposible no percibir durante toda la gala una reflexión de fondo sobre el papel que ocupa hoy la tauromaquia dentro de la cultura sevillana. Los Premios Puerta del Príncipe han sobrevivido cuarenta años porque nunca se limitaron únicamente al resultado estadístico de una Feria. Han sabido convertirse en custodios de una memoria construida a través del arte, la emoción y el rito.

TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: EL CORTE INGLÉS

















