Mecenas del flamenco: “El flamenco puede ser una herramienta de conciliación y un himno para la paz”
Ostenta el título de III Condesa de Heeren y está considerada una de las grandes mecenas del flamenco. Nació en Nueva York, pero gran parte de su vida ha transcurrido entre la serenidad del campo andaluz y la esencia de Triana. Su biografía parece recorrer las páginas de una novela del siglo XX: vivió en París como inquilina de una de las compañeras sentimentales de Picasso, conversó con Orson Welles, estrechó la mano de Hemingway durante unos Sanfermines y conoció personalmente a Ava Gardner. Descendiente de la familia que fundó los primeros grandes almacenes de Estados Unidos, el destino la condujo hasta Andalucía, una tierra que ha hecho suya con una devoción y una entrega poco comunes.
Con motivo del 30 aniversario de la Fundación que lleva su nombre, nos recibe en su casa de Triana. Este centro se ha convertido en una referencia internacional para la formación, conservación y difusión del arte jondo, una auténtica universidad de flamencos. En esta conversación repasamos una vida extraordinaria dedicada al flamenco, la cultura y el compromiso con las nuevas generaciones de artistas.

¿En qué momento se encuentra actualmente y cómo se siente?
Me siento un poco nerviosa porque en la Fundación estamos celebrando el 30 aniversario desde que se creó. Hemos preparado varios eventos; el primero es el 5 de junio y me inquieta todo lo que estamos preparando, aunque confío mucho en la gran capacidad de improvisación de los andaluces.
¿Cómo llegó usted a Sevilla y en qué momento surge la idea de la fundación?
Nací en Estados Unidos, pero mi padre era muy aficionado al flamenco; de su mano conocí este arte. En 1975 compré una finca en Granada, me casé y tuve una hija allí. Le guardo mucho cariño a esta tierra. En los años 80 empecé a frecuentar festivales, produje discos de cante y finalmente decidí crear la fundación para profesionalizar y conservar el flamenco.
¿Qué supone para usted cumplir 30 años al frente de la Fundación que lleva su nombre?
Realmente no me he dado cuenta de que ha pasado tanto tiempo. El día a día es muy intenso, con muchos alumnos, profesores e ideas nuevas, lo que hace que el tiempo pase rápidamente.


¿Cómo han sido estos años y cómo ha evolucionado el espacio de la Fundación?
Como todo en la vida, hemos pasado por momentos buenos y otros un poco menos buenos. Empezamos en la calle Fabiola y allí estuvimos durante nueve años. Tras pasar por el parque de la Buhaira, compramos una casa en la Palmera, pero se nos quedó pequeña. Finalmente, encontramos una antigua fábrica de pasteles en la calle Pureza, en Triana, y la reformamos por completo. Allí creamos un espacio a la medida de lo que necesitábamos y es donde estamos actualmente.
¿Qué momento vive el flamenco? ¿Cree que la moda hace que se pierda la pureza?
El flamenco se ha vuelto muy técnico y rápido, con un ritmo muy urbano. Personalmente, echo de menos los momentos de tranquilidad y pausa del flamenco más rural, donde se tomaba tiempo para escuchar la música, que para mí es lo más importante.
¿Qué le sigue inspirando después de estas tres décadas?
Me inspira ver la evolución de los alumnos; ver cómo personas jóvenes y tímidas terminan encontrando su voz o su movimiento. Somos como una gran familia y me da mucha satisfacción ver a antiguos alumnos en los carteles de los grandes festivales.


En la Fundación se han formado grandes artistas, ¿a quiénes destacaría?
A muchísimos, y a todos les guardo mucho cariño. Por citar algunos, Manuel Lombo, Alberto Sellés o Luisa Palicio. De hecho, en octubre organizaremos una gala con unos 50 antiguos alumnos que hoy son profesionales muy reconocidos.
A finales de junio celebrará el aniversario con una gran gala. ¿Qué expectativas tiene en torno a la celebración?
Va a ser más bien una fiesta para divertirse. Habrá una coreografía de Alberto Sellés y cantarán Manuel Lombo y Argentina. Sé que voy a disfrutar mucho.
¿Qué espera del futuro de la Fundación?
Espero que el programa académico siga funcionando y que los antiguos alumnos vuelvan como profesores. Me gustaría que hubiera voluntad política para homologar la enseñanza del flamenco y crear un grado oficial, algo que actualmente no existe a pesar de ser la “marca España”.
Respecto a la “marca España”, ¿cree que sabemos vendernos bien al mundo?
Se hace algo, pero se podría hacer más. He notado mejoras, como ver marcas de aceite españolas en supermercados extranjeros donde antes solo había italianas, pero aún queda camino por recorrer.


¿Algún recuerdo especial que haya marcado los 30 años de la Fundación?
Son muchos, pero ver crecer a artistas como Manuel Lombo, que entró con 19 años y ahora es un artista maduro y trabajador, es como ver que los hijos de una gran familia hacen su vida y les va bien.
¿Algún sueño por cumplir?
Me gustaría viajar más con grupos de flamenco, especialmente a países árabes, porque creo que se identificarían mucho con nuestra música. Además, en el momento mundial que vivimos, considero que el flamenco puede ser una herramienta de conciliación y un himno para la paz a nivel mundial.
Para terminar, ¿qué mensaje le daría a los lectores de la revista Escaparate?
Recuerdo que, al principio de la revista, recibí en mi casa de la calle Betis a Mario Niebla del Toro para que me entrevistara, y me divierte mucho que, veinte años después, vuelva a hablar con Escaparate. Felicito a la revista porque crear un proyecto es ilusionante, pero mantenerlo requiere constancia y saber superar momentos complicados. Me encanta que sean el escaparate de la sociedad sevillana.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: GERARDO MORILLO


















