“Hoy estarás conmigo en el paraíso”
“Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera tú temes a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». Era ya como la hora sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona.” (Lc 23, 33-44)

Cuatrocientos veinticinco años son más que una cifra. Son generaciones de hermanos, estaciones de penitencia cada Viernes Santo, cultos celebrados y decisiones tomadas con la mirada puesta en el bien común. La Hermandad de Montserrat alcanza esta efeméride este año con la misericordia y la esperanza que representa el diálogo del Señor con el Buen Ladrón.
Fundada a finales del siglo XVI, en una Sevilla que entonces se abría al mundo desde el puerto y las Indias, y con motivo de la llegada de catalanes impulsados por el comercio con las Indias, traen la devoción y el culto a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Montserrat, y es ahí donde está el origen de la hermandad.
A lo largo de los siglos, la corporación ha forjado una identidad propia dentro del mapa cofrade de la ciudad. Su carácter clásico, su impronta sobria y la profundidad teológica de su iconografía la han convertido en una referencia indiscutible del Viernes Santo.
En el centro de esa identidad tan marcada se encuentra el Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, obra de Juan de Mesa, una de las cumbres de la imaginería barroca andaluza. A su lado, Nuestra Señora de Montserrat, con su elegancia serena y su advocación catalana, recuerda los vínculos históricos que dieron origen a la Hermandad y que recientemente se han revitalizado con la peregrinación a Barcelona.

LA DEVOCIÓN DE LOS DUQUES MONTPENSIER
En el devenir histórico de la Hermandad de Montserrat hay un episodio que refuerza su dimensión institucional y su arraigo en la Sevilla decimonónica: la estrecha relación con los duques de Montpensier. La llegada a la ciudad de Antonio de Orleans y de Luisa Fernanda de Borbón marcó un tiempo de intensa vida cultural, política y religiosa en Sevilla, con epicentro en el Palacio de San Telmo.
La Casa de Montpensier mostró una especial devoción hacia la Virgen de Montserrat, reforzando simbólicamente el prestigio de la corporación. Aquella cercanía supuso respaldo institucional y visibilidad pública en una etapa compleja para muchas hermandades, consolidando su presencia en la vida religiosa de la ciudad y nombrándolos hermanos mayores perpetuos.
La advocación catalana de la Virgen adquiría así una resonancia singular en una Sevilla abierta a influencias y corrientes diversas. La protección y estima de los Montpensier no alteraron la identidad propia de la Hermandad, pero sí contribuyeron a fortalecer su posición y a proyectarla en ámbitos donde la religiosidad popular y la vida cortesana se encontraban.

EL 425 ANIVERSARIO
Ese equilibrio entre raíz y apertura define también la manera en que la corporación está viviendo su 425 aniversario. Según su Hermano Mayor, Juan Antonio Coto, “Para la Hermandad, este acontecimiento constituye, ante todo, un motivo de orgullo y satisfacción. Estamos hablando de una institución más de cuatro veces centenaria, concretamente 425 años, un hito que no se alcanza todos los días”.
Desde el plano personal, añade que “como Hermano Mayor, es un honor y una responsabilidad que me llena de ilusión. He tenido la oportunidad de participar en varias juntas de gobierno y conozco el compromiso que conlleva formar parte de ellas. Por ejemplo, cuando se cumplieron los 400 años en 2001, tuve el privilegio de desempeñar el cargo de Diputado de Cultos y me encargué de organizar la mayoría de los actos y celebraciones que tuvieron lugar ese año. Fue un año intenso, pero también muy gratificante. En el puesto en el que me encuentro actualmente, el compromiso y la ilusión se multiplican. Me siento orgulloso de liderar esta Hermandad en este momento tan importante de su historia, y estoy convencido de que juntos podemos seguir haciendo grandes cosas”.
La Junta de Gobierno, junto a la comisión del aniversario, ha diseñado un programa amplio y cuidado, donde los cultos ocupan un lugar central y los actos culturales y formativos completan la celebración. El Vía Crucis Extraordinario del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, la conferencia de José María Rodríguez Olaizola bajo el título “Contemplar a María. Un espejo para nuestras vidas”, el traslado procesional de san Isaías para presidir un altar de Corpus, el rosario con la Titular Letífica por las calles de la feligresía o la interpretación del Réquiem de Gabriel Fauré en memoria de los hermanos difuntos componen un calendario que conjuga espiritualidad, cultura y memoria.
A ello se suman dos proyectos de especial relevancia: la ejecución de cuatro ángeles pasionarios de inspiración roldanesca para el paso del Cristo, realizados por doña Encarnación Hurtado, y una iniciativa caritativa dirigida a niños con trastorno del espectro autista, en colaboración con Autismo Sevilla. Patrimonio y caridad avanzan así de la mano, como ha ocurrido a lo largo de la historia de la corporación.
Juan Antonio Coto mira este aniversario con expectativas claras: “Espero que la Hermandad esté a la altura de su rica historia y de la ciudad que la acoge, y que Sevilla, a su vez, esté a la altura de la Corporación, lo que no me cabe duda de que sucederá. Con esto, me refiero a que nuestros conciudadanos nos acompañen en cada acto, tanto litúrgico como profano, que celebremos, con la mayor de las alegrías y entusiasmo”.
La vitalidad de la Hermandad se refleja en datos concretos. En el último Quinario, más de sesenta personas estaban llamadas a prestar juramento. “Esa cifra, tratándose de una Corporación como la nuestra, es ciertamente significativa y habla de la vitalidad y el atractivo que tiene en la actualidad la Cofradía”, subraya el Hermano Mayor.
También recuerda el impacto que supuso la participación del Cristo en el Vía Crucis del Consejo en 2019, cuando muchos sevillanos descubrieron con asombro la magnitud artística de la talla de Juan de Mesa. Aquella jornada confirmó que Montserrat posee un patrimonio que merece ser contemplado con mayor detenimiento.

MÁS DE CUATRO SIGLOS DESPUÉS
Sobre el momento que vive la hermandad, el Hermano Mayor asegura que “considero, basándome en datos objetivos, que la Corporación goza de una excelente salud, con una juventud comprometida y activa y un espíritu renovado que se refleja en la realización de proyectos y actividades. El quid de la cuestión radica en que hemos sabido adaptarnos a los nuevos tiempos sin renunciar a nuestra esencia”.
Esa capacidad de adaptación se ha manifestado en decisiones como la modificación del recorrido de vuelta para pasar por el Postigo o la peregrinación de Nuestra Señora de Montserrat a Barcelona, un hecho histórico que situó a la Hermandad en el mapa religioso nacional.
De este modo, Coto añade que “estos aniversarios suponen una oportunidad para reflexionar sobre nuestro legado, analizar nuestro pasado y extraer lecciones valiosas que nos permitan seguir creciendo y evolucionando como Corporación; cuidar nuestro presente, asegurándonos de que nuestras acciones y decisiones estén en consonancia con los valores y principios que han guiado a nuestra Hermandad a lo largo de los siglos; y, por supuesto, nos invitan a proyectar nuestro futuro”.
Para finalizar, el Hermano Mayor define este aniversario como “una síntesis perfecta de lo que es la Hermandad de Montserrat: una Corporación clásica del Viernes Santo que se adapta a los nuevos tiempos y que es capaz de construir un futuro prometedor”.
Cuatrocientos veinticinco años después, Montserrat continúa avanzando por las calles de Sevilla con la misma firmeza que sostiene a Cristo en el madero y con la misma delicadeza que envuelve el rostro de su Virgen. La historia la respalda; el presente la impulsa; el futuro la espera.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: MANUEL FERNÁNDEZ RANDO, PABLO MARTÍNEZ, VÍCTOR GONZÁLEZ FELICES

















