Empresario taurino: “La tauromaquia es una cuna de valores que la sociedad actual a veces no tiene”
En plena temporada taurina, nos detenemos a hablar con José María Garzón, que se ha consolidado como uno de los nombres clave en la gestión contemporánea de la tauromaquia. Empresario al frente de Lances de Futuro desde 2006, su trayectoria es la de quien ha crecido desde la afición más pura hasta asumir la responsabilidad de dirigir uno de los escenarios más exigentes del mundo.
Su llegada a la Real Maestranza de Sevilla marca un hito profesional y da forma a un relato íntimo que conecta la memoria de aquel niño que esperaba a las puertas de la plaza con la realidad de quien hoy la gestiona. Entre la fidelidad al rito y la necesidad de abrir nuevas puertas a la Fiesta, Garzón nos cuenta todos los detalles de un modelo donde conviven tradición, modernidad y una firme voluntad de acercar la tauromaquia a la sociedad actual.

¿Cómo recuerda usted los inicios de su trayectoria y cómo decidió empezar en el mundo del toro?
Fue una afición desde muy pequeñito gracias a mi padre, que la trasladó a sus hijos. Empecé yendo al campo a tentar y a torear, que me gustaba mucho. Con mucha ilusión en plazas portátiles, desde muy abajo. Al principio, como no tenía entrada para ver los toros, me iba a la calle Iris a esperar que llegaran y luego esperaba fuera a que terminara la corrida para verlos salir otra vez. Esa ilusión de niño, gracias a Dios, sigue intacta.
¿Cómo entiende usted el mundo del toreo?
Lo entiendo como una vocación, una pasión y algo muy especial. Para mí, la tauromaquia es una cuna de valores que la sociedad actual a veces no tiene.
¿Cuáles son esos valores?
El esfuerzo, el sacrificio, la disciplina, el sufrimiento, el respeto y la educación. Se ve en los chavales jóvenes cuando hablan a los matadores o ganaderos de “maestro” o de “usted”. Es el último rito donde existe esa lucha entre un hombre y un animal, con triunfos grandes pero también con jornadas muy graves.

Fundó la empresa Lances de Futuro en 2006. ¿Qué necesidad detectó para crear el modelo que hoy sigue defendiendo?
Se fundó hace 20 años con la ilusión de aportar un granito de arena, intentar cambiar cosas y dar oportunidades a los jóvenes toreros. Mi objetivo siempre ha sido abrir la tauromaquia a la sociedad y a los medios de comunicación, como cuando firmé el convenio con Televisión Española. Quiero que se sienta como lo que es: un espectáculo de masas y una fuente de riqueza, cultura y empleo para España, Europa y América.
Su llegada a la Real Maestranza de Sevilla marca un punto de inflexión en su carrera. ¿Cómo vivió aquel momento de la adjudicación y cómo lo está viviendo desde entonces?
Es lo más bonito que me ha podido pasar. De ser ese niño que esperaba en la calle Iris a gestionar la plaza que considero la más importante del mundo. Fue un sueño y un regalo de Dios; lo vivimos con lágrimas en los ojos, como una noche de Reyes. Lo estoy viviendo con muchísima responsabilidad y trabajo.
La Maestranza tiene una identidad muy marcada. ¿Dónde sitúa usted el equilibrio entre mantener esa tradición y aportar una mirada más contemporánea?
El ritual no se debe tocar, pero sí se pueden renovar y modernizar cosas sin salir de lo clásico. Este año se ha visto en el personal, los uniformes o la gala de presentación. Se han hecho muchas actividades en poco tiempo para modernizar la fiesta.
En la configuración de los carteles de esta temporada, ¿qué criterios le han guiado?
Intento mirar lo que el aficionado y el público demandan. Es un puzle muy grande donde hay que colocar pieza a pieza a las figuras, las fechas, las ganaderías y dar oportunidades importantes a los jóvenes. Siempre intento ponerme en el punto de vista del aficionado para ver qué le interesa más.
¿Cómo valora hasta el momento la respuesta de la afición?
Ahí están los datos, ha sido una feria histórica de asistencia y con una aceptación brutal. Ha habido faenas históricas y gestas tremendas. Por ejemplo, lo de Roca Rey, que salió a morir y tuvo esa cornada tan grave; ver cómo miraba si el toro se había echado mientras lo llevaban a la enfermería con el muslo abierto es algo que solo pueden hacer los toreros.
¿Qué diferencia a la afición de Sevilla del resto y qué le exige a usted como empresario?
Sevilla es única en todo. Es una ciudad donde en pocos días pasas del luto de las mantillas negras al júbilo y los colores del Domingo de Resurrección. A la plaza de Sevilla hay que saber escucharla y entenderla; yo sigo aprendiendo de ella todos los días. Tiene una categoría y un nivel de aficionados y profesionales tremendo que analizan cada instante de la lidia. Un triunfo en Sevilla vale más que nada.



Fundó la empresa Lances de Futuro en 2006. ¿Qué necesidad detectó para crear el modelo que hoy sigue defendiendo?
Se fundó hace 20 años con la ilusión de aportar un granito de arena, intentar cambiar cosas y dar oportunidades a los jóvenes toreros. Mi objetivo siempre ha sido abrir la tauromaquia a la sociedad y a los medios de comunicación, como cuando firmé el convenio con Televisión Española. Quiero que se sienta como lo que es: un espectáculo de masas y una fuente de riqueza, cultura y empleo para España, Europa y América.
Su llegada a la Real Maestranza de Sevilla marca un punto de inflexión en su carrera. ¿Cómo vivió aquel momento de la adjudicación y cómo lo está viviendo desde entonces?
Es lo más bonito que me ha podido pasar. De ser ese niño que esperaba en la calle Iris a gestionar la plaza que considero la más importante del mundo. Fue un sueño y un regalo de Dios; lo vivimos con lágrimas en los ojos, como una noche de Reyes. Lo estoy viviendo con muchísima responsabilidad y trabajo.
La Maestranza tiene una identidad muy marcada. ¿Dónde sitúa usted el equilibrio entre mantener esa tradición y aportar una mirada más contemporánea?
El ritual no se debe tocar, pero sí se pueden renovar y modernizar cosas sin salir de lo clásico. Este año se ha visto en el personal, los uniformes o la gala de presentación. Se han hecho muchas actividades en poco tiempo para modernizar la fiesta.
En la configuración de los carteles de esta temporada, ¿qué criterios le han guiado?
Intento mirar lo que el aficionado y el público demandan. Es un puzle muy grande donde hay que colocar pieza a pieza a las figuras, las fechas, las ganaderías y dar oportunidades importantes a los jóvenes. Siempre intento ponerme en el punto de vista del aficionado para ver qué le interesa más.
¿Cómo valora hasta el momento la respuesta de la afición?
Ahí están los datos, ha sido una feria histórica de asistencia y con una aceptación brutal. Ha habido faenas históricas y gestas tremendas. Por ejemplo, lo de Roca Rey, que salió a morir y tuvo esa cornada tan grave; ver cómo miraba si el toro se había echado mientras lo llevaban a la enfermería con el muslo abierto es algo que solo pueden hacer los toreros.
¿Qué diferencia a la afición de Sevilla del resto y qué le exige a usted como empresario?
Sevilla es única en todo. Es una ciudad donde en pocos días pasas del luto de las mantillas negras al júbilo y los colores del Domingo de Resurrección. A la plaza de Sevilla hay que saber escucharla y entenderla; yo sigo aprendiendo de ella todos los días. Tiene una categoría y un nivel de aficionados y profesionales tremendo que analizan cada instante de la lidia. Un triunfo en Sevilla vale más que nada.
TEXTO: FERNANDO COPETE FOTOGRAFÍA: LANCES DE FUTURO



















