
Cuando llegamos a este lugar supe que iba a ser mi refugio y el de mi familia durante una importante época de nuestra vida. La casa del cabrero, en la loma de un monte que divisa una de las vistas más bonitas de Andalucía, se convirtió en nuestra casa, en el lugar de inspiración y paz, desde donde abogar por las vidas de los inocentes, de los más vulnerables.
Las modificaciones fueron las justas para conservar la pureza del espacio y del entorno, sin embargo el escenario cambió; la casa se llenó de libros, fotografías, cerámica, artesanía y telas maravillosas que hicieron del árido territorio un oasis de culto a la sensibilidad. Algo que me consta, ya que Ana, su propietaria, me muestra las fotos del antes y el después. La metamorfosis de la oruga que se convierte en mariposa.
Ana Corberó es escultora, amante de las bellas artes, y una filántropa que trabaja desde hace muchos años a favor de aquellas víctimas que no tienen voz en sociedades con bajo desarrollo. Ana también escribe poesía, y sus letras han sido grabadas en discos por diversos artistas, y todos los fondos van destinados al programa de alimentos de las ONU en beneficio de los niños sirios en el Líbano.
En su obra, que se puede contemplar distribuida por toda la casa, se refleja la finalidad social de su trabajo, que es mantener la memoria y el respeto a las víctimas sin voz, a los inocentes.
EL MOVIMIENTO SE DEMUESTRA ANDANDO
“Hemos normalizado el incumplimiento” Hay una frase popular que ha sobrevivido al paso del tiempo porque encierra una verdad difícil de rebatir: el movimiento se demuestra andando. En una sociedad cada vez más acostumbrada a las palabras, a las declaraciones...

















